jueves, 14 de enero de 2010

Cornudo consentido (II)
















Esa semana, los 3 días antes no tuvimos sexo, porque según ella ” quería llegar al sábado con mas ganas” y así fue. Del mismo modo que paso la otra vez, David se presentó en casa a eso de las 8 a recogerla. Mientras mi mujer terminaba de prepararse, estuvimos charlando un rato. Me agradeció la decisión que había tomado dejandoles verse un día mas. Cuando llegó mi mujer, le dio un beso a David, esta vez en la boca.
Llevaba preparada una bolsa con ropa para el día siguiente. Les acompañe a la puerta y se despidieron de mi. Rápidamente me asome por la ventana y vi como ya salían del portal cogidos de la mano, lo que me puso a cien.

Al día siguiente, regresaron los 2 a casa a eso de las 11 de la mañana. Yo aun continuaba en pijama. Llevaban una sonrisa en la cara los dos, se les veía llenos, satisfechos. Me dijeron tenemos que hablar y nos sentamos los 3 en el salón.
Empezó a hablar David y dijo: ” JL, tu mujer no se atreve a pedírtelo, pero entre nosotros hay un química sexual especial” mientras mi mujer miraba al suelo,” nos gustaría poder vernos de forma rutinaria, no queremos ocultarte nada”.

Me quede blanco, agradecí su gesto de sinceridad y le pregunte a mi mujer: ” ¿tu que dices al respecto?” y me dijo con lagrimas en los ojos “estoy de acuerdo, deseo seguir quedando con David, nunca había disfrutado tanto con un hombre”.
Mi cara decía una cosa y mi polla otra. Tuve una erección terrible, de la que ellos se percataron y por tanto no pude negarme.

David de todos modos, deseaba asegurarse y me preguntó: “¿estas seguro?, eso significa que serás un cornudo consentidor” Volví a asentir y mi polla siguió creciendo. Pero todavía no había terminado la conversación, y me dijeron los dos: ” si vamos a empezar esto juntos nos gustaría que nos dieras permiso para que Marta se pusiera el diu” Otro golpe mental que no hizo sino aumentar mas mi calentura. A cambio les pedí que siempre me mantuvieran informado de todo y que me gustaba que fueran contando con mi aprobación para dar los pasos siguientes. Ahí termino la conversación, ella le acompañó a la puerta y le abrazo como despedida.


A solas con mi mujer le pregunte: “¿estas segura del paso que vamos a dar?” a lo que me respondió:” nunca he estado tan segura de algo en mi vida, es un hombre generoso, morboso, guapo, saca lo mejor de mi en la cama y tenemos muchas ganas de experimentar” y le conteste:” ¿que hicisteis ayer” Me dijo que habían follado con muchísima pasión y que se habían corrido muchas veces.

Le pregunte:” ¿por qué quieres ponerte ahora el diu?” y me dijo:” no quiero quedarme embarazada, necesito sentirle dentro realmente, a él tampoco le gustan los preservativos, necesito que lo entiendas”. Seguí con mi interrogatorio y le pregunté: ” ¿cuantas veces se corrió él ayer?” y contestó: “3″ y continué con mis preguntas: ” ¿donde se corrió?” y no dijo nada, simplemente miró al suelo, volví a insistir: “dónde?” y tímidamente contesto: ” en mi boca”.

Casi me da un vuelco al corazón, levante el tono de voz, y le dije: “en 20 años que llevamos juntos nunca me has dejado hacerlo a mi ¿y al segundo día se lo haces a él?” Ella no sabia que decir, ¿como iba a explicarme que se había tragado varias veces el semen de su amante y encima le había gustado?
A los dos días llamó a su ginecólogo para pedirle cita y colocar el diu.
El morbo iba en aumento y empezaba a tener unos tintes peligrosos.

El lunes por la mañana Marta llamó a su ginecólogo quien le dio cita para el viernes. Coincidió con que ella tenia el periodo, lo que según su ginecólogo favorecía la implantación del diu, por lo que no esperaron y ese mismo día por la tarde se lo colocó. El ginecólogo que la conocía de toda la vida, no dudo en preguntarle el porqué de esa decisión. Ella le contestó que estaba en un momento muy dulce de su vida. También le aconsejó que estuviera unos días sin sexo porque era posible que tuviera algo de dolor si mantenía relaciones.
Cuando estábamos en casa me pregunto: ” ¿el domingo vas a ir al fútbol”?

Le conteste que si y me dijo: ” es que había pensado invitar a David a comer el domingo a casa” Le dije “por mi no hay problema pero yo a las 4 y media de la tarde me voy que quiero ver el partido” Se notaba que a ella le apetecía quedarse a solas con él, pero yo sabia que mucho no haría por el consejo que le dio su ginecólogo.

El sábado mi mujer llamo a David, para preguntarle si le apetecía comer algo en concreto, le dijo que compráramos marisco que él llevaba unas botellas de vino blanco. Mi mujer encargó por teléfono la comida a un vivero conocido y por la tarde tras chuparme doscientos atascos, recogí la comida, mientras mi mujer visitaba a su madre.
(continuará)

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