sábado, 23 de enero de 2010

Cornudo sin verlo, ni comerlo















Hace tiempo que no sé nada de ti. Probablemente te has cansado, pero yo sigo ensoñándome contigo y pienso que vas   a salir con unas amigas y unos amigos. Lo de "amigos" lo has remarcado mucho para que lo oyera mientras te bañaba, te preparaba la ropa, te ponía la ropa interior y veía como te maquillabas ante el espejo con brillo en los labios y algún retoque en los ojos. Pero como no quieres que ande por la casa alborotando me has dejado acostado desnudo a los pies de tu cama con mi cuello atado a la pata de la cama. Y has traído a la habitación el ordenador portátil con la webcam y has orientado a la cámara hacia donde estoy echado para poder espiar y comprobar si me muevo, si abandono el lugar donde me has dejado.

Vamos a casa de unos amigas y "amigos" has vuelto a insistir en lo de "amigos" y desde allí me conectaré a la webcam y podré ver si te mueves, si te has movido. Así que tú sabrás lo que haces. Y me has dejado unas braguita usadas que te acababas de quitar para que me consolara con ellas en tu ausencia y el cinturón de castidad bien cerrado con la llave que tú llevas colgando de tu cuello y que sólo te quitas de vez en cuando para dármela a besar, "besa la llave que encierra tu placer Cornudo". Y luego vuelves a colgártela del cuello. Me has dicho "cornudo " y "putita sumisa" por lo que he supuesto que vas de caza porque sólo soy "cornudo" cuando tú acuesta con otros, pero "putita sumisa" lo soy las 24 horas. Así que vas de caza.

Y te has marchado vestida de una manera muy sexy, con zapatos de alto tacón, un traje ajustado y la blusa blanca si sujetador que deja que se trasluzcan tus hermosos pezones oscuros. Y cuando sales así, yo sé que vas de caza, que has visto a alguien que te moja el coño y vas a por él o ella. Pero tú no me ha dicho nada. Sólo que sale con amigas y "amigos".

Y te has marchado y he permanecido allí echado oliendo tus braguitas, consolándome con el olor y el sabor de tu hermoso coño, y cuando de vez en cuando miraba a la cámara, veía el piloto verde encendido, señal inequívoca de que estabas en el ordenador de tus amigos espiándome, viendo si permanecía allí donde me habías dejado.


Y horas después he oído tus tacones y un murmullo de personas que entraban en el salón, pero tú te has acercado a la habitación, has entrado, te has inclinado, me has acariciado el pelo, me has dado dos tiernos besos en la frente, uno a cada lado de mis cuernos, y has salido al salón para atender a tus amigas y "amigos". Y mientras estaba allí echado a los pies de tu cama oía como reías, bailabas, te divertías con tus amigos hasta bien entrada la noche. Y ya de madrugada, he oído como tus amigos se marchaban y tú te dirigíad en compañía de alguien al cuarto de los invitados.

Aunque desde donde estoy echado a los pies de tu cama he podido oír como tú te reías, jadeabas, murmurabas y gritabas como si estuviera gozando, como se estuviera corriendo. También oía los muelles de la cama con un trajín muy fuerte y prolongado. Aunque al rato oí como unos pasos se alejaban hacia la puerta de la calle. Y luego te vi entrar y sentarte en el borde de la cama.
- Ven aquí, Cornudo y lame. Déjame el coño bien limpio con tu lengua. Lámelo y límpiamelo bien, Cornudo, que he tenido una noche agitada.
Y lamí con devoción y fruición tu coño que noté mojado, húmedo y con un sabor muy fuerte.
- Ama: ¿has follado con hombre o con mujer?
- Adivínalo por el sabor de mi coño.
- Ha sido con un hombre, un macho.
- Sí, y además tenía la polla más grande que la tuya.
- Me lo imagino
- Y ahora termina de limpiármelo con la lengua.
- Gracias Ama.

Y seguí lamiendo tu coño para limpiártelo y noté cómo se me ponía la polla dura, aunque estaba herido porque no me había dejado contemplar como follaba con él pues ese es mi mayor placer porque tú tiene libertad para todo y yo no tengo libertad absolutamente para nada, pero me dolió que no me hubieras llamado, que no me hubieras obligado a presenciar mi puesta de cuernos como habíamos acordado en nuestro "contrato de vida doméstica" que habíamos firmado antes de casarnos, porque en él se estipulaba que siempre, siempre que me pusieras los cuernos yo tendría que estar delante mirando, sólo mirando, y besándote la mano o los pies mientras lo hacías.
- Lo sé, cornudo. Lo pone en el contrato, pero también pone que yo puedo modificarlo a mi capricho cuando quiera y tú tienes que aceptar lo que yo cambie.
- Lo sé, mi Ama.
- Pues hay nada más que hablar.
- Lo sé, mi Ama.
- Pues entonces sigue lamiendo.

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