sábado, 6 de febrero de 2010

Abel, tu amante (I)



Abel es tu ex amante, un novio que tuviste de adolescente y que años después volvió un día a tu vida y volviste a follar con él. Estas navidades lo has vuelto a encontrar y, como siempre, ha surgido de nuevo la pasión entre vosotros. Sobre todo ahora que los dos sabemos que soy impotente de por vida y que tú no puedes disfrutar de una polla en regla y como te mereces. Por eso me alegré,  porque ahora mi mayor placer es ver que gozas, que te corres de gusto, aunque sea en brazos de otro. Fue en una cena de Navidad y cuando volviste, me arrodillaste entre tus muslos y mientras te lamía el coño, me lo contaste.
- Por quieres que te lo cuente - me preguntaste.
- Sí, mi Ama, cuéntamelo, por favor.
- De acuerdo, pero mientras te lo cuento, no dejes de lamerme el coño porque me gusta mucho tenerte así mientras te cuento mis aventuras.
- Sí, Ama.
- Y además sabes que mientras yo gozo tú has de sufrir
- Lo sé, mi Ama. Y lo deseo mucho.
- Pues entonces ponte las pinzas en los pezones.

Y me las puse, me volví a arrodillar entre tus muslos para lamerte el coño ya mojado, húmedo, porque estabas excita al contarme las aventura con tu amante y al tenerme allí arrodillado, con las pinzas y lamiéndote.

- Pues Abel apareció en mi cena de amigas como por sorpresa, luego me entere que sabia y muy bien donde me encontraba en ese momento, me saludo desde la barra con naturalidad, me levanté de mi mesa y me dirigí hasta el con paso firme, pero temblándose por dentro hasta la ultima célula de mi ser, me pare frente a el, quedándome a escasos centímetros de su boca, doble mi cara y lo bese suavemente en la mejilla, al mismo tiempo me impregne del perfume que cubría su cuello, me encanta como huele, desde siempre es el mismo perfume, pero en nadie huele como en el.
- Sigue, mi Ama. Sigue, por favor.
- Pues hablamos unos minutos y me dijo que se debía marchar, ademas yo tenia que volver con mis amigas, aunque por nada del mundo me quería alejar de el, se despidió dándome un dulce beso y se marcho de nuevo de mi lado, volví a mi mesa ya sin ganas de nada mas, pero nada mas sentarme, un camarero me trajo un pequeño paquete rojo, preciosamente envuelto, tenia una pequeña nota encima, tan solo ponía, Abel.



- ¿Y qué hiciste?
- No tengas prisa, cornudo mío, que te lo cuento. Pues abrí el paquete con discreción, mire dentro y lo cerré de nuevo, acabe la cena con mis amigas y cuando se fueron a la discoteca a bailar, me despedí de ellas, me dolía un poco la cabeza y era mejor que me fuese a casa ya. Mentira..en el paquete estaba la llave del hotel donde estaba Abel, sabia bien que significaba aquel regalo suyo, y lo deseaba, lo deseaba como nunca.
-Me excitas mucho, mi Ama.
- Lo sé, y por eso te lo cuento, porque aunque veo que no se te pone dura, en tus ojos brilla el placer de la excitación, que gozas con mis andanzas. Así que llegue pronto a la puerta de la habitación, abri la puerta con la llave que me había dado y entre, estaba en penumbra, tan solo había unas cuantas velas encendidas y una orquídea blanca sobre la cama, mire alrededor, pero ni rastro de Abel, así que simplemente me senté en el borde de la ventana y mire las luces que iluminaban ya todas las calles.
- Sigue, por favor.
- ¿Gozas?
- Sí, mucho.
- Pues segundos segundos después de eso,  sentí la puerta abrirse, me gire para recibirlo pero ya lo encontré pegado a mi, sujetándome por los hombros, no me dejo darme la vuelta, sentí como cubría mis ojos con un pañuelo de seda que olía a su perfume, y después note como me dirigía hacia la cama. Me tumbo con cuidado sobre ella, comenzó a acariciarme las piernas, paso su manos por mis muslos, separándome las piernas con delicadeza, aparto mi vestido a un lado, la rajita del muslo le daba facilidad a eso, sentí como su aliento humedecía mi tanga, note como paso su lengua por encima de el, lamiéndome suavemente, y se aparto de nuevo de mi.
- Sigue, por favor.
- Veo que gozas, cornudo mío, aunque la tienes pequeña.
- Sí, mi Ama. Soy impotente, ya lo sabes, pero gozo mucho.
- Pues sigue lamiéndome el coño, que estoy muy mojada.

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