miércoles, 10 de marzo de 2010

Cornudo voyeur



Y sueño que anoche estábamos en un pub: tú sentada en una butaca y yo apoyado de pie en la barra, cuando de pronto, te levantaste, me cogiste la cabeza y me diste dos besos en la frente, uno en cada lado, en cada cuerno. Y por ese gesto público (que sólo los dos sabemos qué significa), supe que habías encontrado un chico que te gustaba, un macho que te ponía.
- ¿Quién es? - te pregunté.
- Aquel cachas de allí, ese tan guapo y que está tan bueno.

Y miré hacía donde me indicabas y tenías razón porque era un tío de esos que las mujeres se quedan mirando. Un cachas, tío bueno y además guapo. Muy guapo.
- ¿Te lo follarías?
- No lo dudes. Sólo mirarlo y ya se me moja el coño.
- ¿Quieres follártelo?
- Sí, me muero por que me folle.

Así que yo ya sabía qué tenía que hacer y me retiré, me aparté de la barra hacía el final para dejarte sola, aunque desde donde estaba podía verte perfectamente. Y por eso vi que lo mirabas fijamente, que le mantenías la mirada, que le sonrías y que le guiñabas el ojo, hasta que conseguiste que él se acercara a ti.



Y cuando estuvo a tu lado te pusiste a hablar con él, a coquetear, a decirle cosas al oído que yo no podía escuchar, pero que me imaginé de qué se trataba porque cuando terminaste de cuchichear en su oído, pasaste tu cara rozando la suya, acercaste tus labios a sus labios y él no tuvo más remedio que besarte. Y mucho, porque estuvisteis un rato largo con el morreo, mientras tú le acariciabas la entrepierna, que ya abultaba, y él te metía mano la bajo la falda y te tocaba el coñito. Lo supe por los gestos de tu cara que tanto conozco cuando sé que gozas.

Aunque de pronto le dijiste algo al oído y te separaste de él para entrar en los aseos y cuando saliste te acercaste a mi lado en la barra y me dijiste que te ibas con él a su piso, que como tenía pendiente un castigo por no haberte despertado esa mañana lamiéndote el coño, como debo hacer todos los días, me castigabas a no ver cómo me hacías cornudo. Ese es el castigo más duro y cruel que me sueles dar. Más duro incluso que los latigazos o las bofetadas. Mucho más. Y tú lo sabes y como eres estricta, severa y jamás me perdonas un castigo, he de cumplir con ellos a rajatabla.

Así que en esta ocasión yo no podría participar con mirón cornudo y voyeur de mis propios cuernos, ni podría besarte la mano mientras follas con otro, ni decirte que te quiero mientras me haces cornudo. Porque me dijiste muy seria que me fuera a casa, te esperara desnudo echado sobre la mesa que hay frente a la puerta para que cuando volvieras lo primero que vieras al entrar fuera a tu sumiso cornudo con el culo en pompa delante de la puerta. Y con la correa o fusta al lado por si querías usarla.

Y eso hice, porque cuando llegue a casa puse la fusta y la correa a cada lado de la mesa, me eché desnudo sobre ella y te esperé con el culo en pompa hasta que pasado un tiempo regresaste, me viste allí ofrecido, cogiste el látigo y la correa, anduviste jugando con ellos porque no sabías con cuál quedarte y por fin agarraste la correa y me diste viente latigazos en mi culo de puta, mientras me llamabas cornudo y yo te daba las gracias y te decía "te quiero" tras cada trallazo. Y por ellos supe que te habías corrido dos veces seguidas, porque siempre me das 10 azotes por cada vez que te corres con tus amantes.

Y luego, te sentaste en el sofá, me llamaste y acudí de rodillas a tu lado, entre tus piernas para limpiarte tu coño de arriba a abajo y dejártelo bien limpio de las corridas de tu macho y de los jugos de la excitación de tu placer. Y volviste a correrte sobre mi cara, mientras me decías que me amabas, que cada día me querías más y que cada día me querías más sumiso y más cornudo.
Y luego te llevé en brazos a la cama y dormimos toda la noche abrazados.

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