jueves, 4 de noviembre de 2010

Me enloquece verte follar con otros/as



Sigo soñando contigo y me imagino que tú y yo, mi Diosa, hemos alcanzado un entendimiento difícil de igualar porque nos comprendemos a las mil maravillas cada uno en su papel: tú como siempre, ejerciendo de dominante y yo, como siempre, de sumiso cornudo. Y así, por ejemplo, si estamos acostados en la cama tú me puedes contar que al trabajo ha llegado un chico nuevo que te excita porque por lo que abulta su pantalón calculas que debe tener una polla muy grande.
- Ese hombre me vuelve loca de excitación, cornudo mío. La tiene más grande que tú.

Y yo te cojo la mano, te la beso y te digo que sí, que lo comprendo.
- ¿Qué dices cornudo mío?
- Que lo comprendo.
- Querrás decir que consientes.
- Si, que consiento.
- ¿Qué consientes?.
- Que te acuestes con ese chico.
- ¿Y qué más?
- Y que me pongas los cuernos.
- ¿Quieres ser cornudo?
- Sí, quiero.
- ¿Qué quieres?
- Quiero que me pongas los cuernos.
- Repítelo.
- Quiero que me pongas los cuernos.
- No te oigo
- Que quiero que me pongas los cuernos.
- ¿Por qué?
- Porque así te amaré más.
- Pero ya sabes, cornudo mío, que pese a que me acueste con él tú no puedes tener placer, ni tocarte, ni tan siquiera mirar a otra mujer por la calle. Y pese a ello aceptas ser mi cornudo sumiso.
- Sí, lo acepto.
- ¿Qué aceptas?
- Ser tu cornudo sumiso.
- ¿Te gusta que mientras tu mujer te pone los cuernos con otro, tiene placer con otro, tú no puedas ni acariciarte sin mi permiso?
- Sí, me gusta y me excita mucho.
- ¿Por qué?
- Porque soy tu cornudo sumiso.
- Y porque cuanto más cornudo te haga me querrás más, ¿verdad?
- Sí, Ama, cuanto más cornudo me hagas, más goces tú y más me impidas a mi gozar, más te amaré.
- Pero esa no es toda la verdad.
- No, la verdad es que me vuelve loco verte follar con otros.



Como siempre yo me he arrodillado y te he dicho que te amo, que soy tuyo, que estoy enamorado de ti y que me inclino ante ti para que me domines, me sometas y me sojuzgues completamente con tu voluntad. Para ser lo que tú quieres que sea. Para convertirme en la putita sumisa que siempre has deseado. Y me inclino ante ti porque es lo natural, lo prudente e incluso lo racional y necesario porque tú has nacido para dominarme y yo para ser tu más sumiso esclavo.

Te quiero, amor mío, y me inclino ante ti, ante tu voluntad y ante tu saber estar, tu dominio de ti misma, tu inteligencia, tu elegancia, tu estilo y tu personalidad. Y tu severidad estricta y tu cariño. Tu estricta disciplina y tu dulce posesión. E inclino mi cuello y mi voluntad para que pongas en ella el pie de la tuya, de tus antojos, de tus deseos y caprichos. Porque soy tu sumiso y te amo completamente entregado a ti sin miedo, sin pudor, sin tapujos.
Te quiero, amor mío. Te quiero.
Y me muero por consentirte.

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