miércoles, 23 de febrero de 2011

Todos los días de un cornudo



Sueño contigo, en que te he conocido, vivimos juntos y fantaseo que todos los días, cuando vas a salir de casa para acudir al trabajo, te despido en la puerta lamiéndote el coño, al contrario de otros maridos que se dan besos. Porque yo me me arrodillo en la puerta para esperar a que llegues y te bajes las bragas. Y tú te las bajas y me ofreces tu coño para que te lo lama, para despedirte como mereces. Y mientras te lamo, te pregunto siempre lo mismo.
- ¿Vas a buscar algún tío para ponerme los cuernos?
- Lo intentaré, pero no te prometo nada.
- ¿Hay algún chico en el trabajo que te guste?
- Hay algunos, pero no sé por cuál decidirme. Pero no te preocupes que eres cornudo y lo serás cada día más.
- Lo sé.

Y una vez que te he dado placer, mientras escucho tus planes, tú me has puesto el cinturón de castidad, te has colgado la llave en el cuello y yo me he marchado a realizar todas las tareas domésticas vestido solo con tus braguitas. Y en ello me aplicaba y aplico, hasta que me llamas para anunciarme que vas a volver a casa y para que te espere en la puerta. Y eso hago, porque cuando tú llegas te sientas en el sofá y yo me arrodillo entre tus muslos para lamerte el coño y saber de ti.
- ¿Has follado con alguno, amor mío?
- Averígualo por mi coño.
- No lo sé, mi Ama, porque estás muy excitada y tu olor a hembra en celo me confunde.
- He estado a punto de follarme a uno, pero al final no lo he hecho.
- ¿Lo harás mañana?
- Es probable. Depende de cómo esté de cachonda, cornudo mío.

Y yo te dije que pese a que no te había penetrado, te amaba más cada día, quería ser más tuyo y que me volvía loco que yo no te hubiera follado todavía, que tú sí lo hubieras hecho muchas veces y que además me mantuvieras en castidad absoluta, mientras tú gozabas con otros. Y que además me hubierais dejado claro que jamás follaría contigo. "Jamás, nunca, y no sólo porque no puedes pues eres impotente y eunuco, sino porque si pudieras, si se te pudiera dura, yo misma me encargaría de castararte químicamente con mis anticonceptivos que contienen Depro-Povera, que es la sustancia que le dan a los violadores para castrarlos.
- Te quiero impotente.
- Lo sé. Y cada día más.



Y yo te dije que aceptaba, que acepto, porque esa castidad me acerca más a ti y me pone los pezones erizados y muy sensibles, hasta el punto de que sólo rozarlos me provocan un gran placer y me ponen la polla dura. Los rozo y ya me siento excitado, sumiso, cornudo y entregado, porque sé que te lo debo a ti, que mi felicidad depende de ti, que mi placer depende de ti, que mi futuro depende de mi amor por ti porque sin ti no hay futuro. Yo no quiero tener un futuro en el que no pueda ser tu completo sumiso cornudo e impotente para amarte más y más cada día.

Y al día siguiente, cuando volviste y me arrodillé entre tus muslos para lamerte el coño y preguntarte si habías follado con alguno, me detuviste, me dijiste que fuera a por la cabecera de la cama y cuando te la traje te la pasaste por el coño mojado, la restregaste por tu coño húmedo hasta que la dejaste impregnada del aroma en celo de tu coño.
- Me he morreado con un tío muy bueno del trabajo, y nos hemos metido mano. Todavía tengo el coño mojado de la excitación que otro macho me ha provocado y te la he dejado en la humedad de la cabecera con la que me he limpiado el coño.
- Me alegro, amor mío.
- Esta noche dormirás con tu cara pegada a ella, al lugar en el que están los jugos que me ha provocado otro macho y pasaras toda la noche oliendo la excitación que me ha provocado otro hombre. Espero que estés contento.
- Sí, Ama, lo estoy.
- Me alegro, cornudo, porque así será el resto de tu vida. Coge la cabecera que vamos a dormir abrazados.
- TE AMO -te he dicho mientras te seguía al dormitorio, parea pasar la noche abrazado a ti pero con mi cabeza oliendo la excitación que te había provocado otro macho.
- Eres cornudo hasta durmiendo -me has dicho al darme el beso de buenas noches.

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