viernes, 12 de noviembre de 2010

Cornudo consentido y feliz

Sueño contigo, con que te he conocido, vivimos juntos y que mientras follas con otro, con tu amante, me he arrodillado junto a la cama y te he cogido la mano para besártelas y darte las gracias por hacerme cornudo.

Porque te amo -te he dicho-, porque el amor me lleva a entregarme a ti, ser tuyo y darte mi valor más preciado: mi dignidad de hombre al permitir que me hagas cornudo consentido. Con ello te lo entrego todo, absolutamente todo y estoy bajo tu poder absoluto para consentirte, mimarte y ofrecerte mi humillación de cornudo como un regalo a mi Diosa.

Porque amor de verdad es silencioso, se demuestra con obras, con hechos, con aceptación de que tu voluntad es la mía. Es entrega a cambio de nada, sin exigir nada a cambio. Amar por amar sin esperar nada y aceptando que tus deseos son mis ilusiones y tus caprichos el Norte que guía mi vida. Y que tu libertad y poder absoluto está tan por encima de mi que incluso la tienes para follar con otros, porque tu voluntad y capricho es también la mía. Yo sólo quiero lo que tú deseas.

Amarte es dártelo todo sin pedir nada. Sólo lo que tú quieras darme. Y aceptar tu cariño, tus azotes, tus castigos y humillaciones, como un regalo divino, de Diosa. Es el amor que yo siempre he soñado y que te tengo a ti, mi Ama.

Porque mi amor por ti no necesita palabras, ni gestos; que un beso tuyo me pone una polla dura que llevaba años sin reaccionar, que mi deseo por ti supera cualquier barrera, límite y razón. Que has conseguido que deje de ser impotente y que te desee más que mi vida. Que estar a tu lado, sin hacer nada, sólo con la cabeza pegada a tu sexo sea un placer inenarrable, exquisito, único. Un regalo de Diosa.

Porque lo es y porque un beso además de ponerme la polla dura, muy dura, es una droga dura que me devuelve a la vida. Sólo con eso. Sólo con un beso. Sólo verte, mirarte, estar abrazado a tu lado, pegar mi cabeza a tu coño y estar ahí horas oliéndote, saboreándote sin pedirte nada. Ni tan siquiera que follemos. Nunca te he pedido que follemos. Te amo tanto y te respeto tanto que ni se me ha ocurrido, aunque sé que follas con quien quieres, cuando quieres y donde quieres.

Y me alegro de que así sea porque tú me salvas cuando me dejas verte como mujer, como Diosa, y me permites humillarme ante ti y tu amante. Porque además deseo con toda mi alma verte, estar contigo, mirarte a los ojos, estar a tu lado, olerte, darte miles de besistos y decirte miles de te quieros.

Pero sobre todo, mi Ama, necesito verte, que me domines, que me humilles, que me prohíbas que me corra sin tu permiso y me tengas en castidad absoluta mientras tú follas con otros. Necesito verte, estar contigo en la cama aunque me tengas 15 minutos con la cabeza pegada a tu coño, oliñendote, intentar luego follarte, meter mi polla dura en tu coño aunque sé que probablemente me rechaces. Follas con otros, me vuelve loco saber que follas con otros, me enloqueces cuando te veo follar con otros, pero pese a ello, a que sé que no vas a dejar que te penetre mientras tu no quieras. Porque necesito decirte que te amo aunque me pongas los cuernos en la noche de bodas porque eso para mí es el amor, mi inmenso amor por ti. El amor de verdad.

Porque follar contigo es un privilegio que no todos consiguen y yo todavía no he hecho méritos pues quizás creas que la polla de tu sumiso no puede profanar el sagrado coño de su Diosa. Me da igual. Lo acepto.Lo comprendo. Pero necesito verte, abrazarte, decirte miles de veces que te quiero. Necesito decirte que te amo aunque me hagas cornudo, aunque sepa que ya has follado con otros y que a mi no me dejas y me mantienes en castidad absoluta, sin tan siquiera poder mirar a otra por la calle.





















No me importa porque para eso soy tu sumiso cornudo, tu esclavo, y reconozco y admito tu derecho a que aunque folles con otros, yo no pueda hacerlo. Pero eso no impide o quizás ayude, a que siempre, siempre, esté pensando en querer ser más sumiso, más cornudo y más humillado por tu poder sobre mí. Lo pienso cuando te miro a los ojos, cuando me besas, cuando voy por la calle o cuando te veo pasar desnuda con un tanga provocativo.

Porque te amo y me muero por consentirte - te diré mientras tú te corres por fin en los brazos de tu amante y yo me apresuro a limpiarte el coño para dejártelo bien limpio, excitarte y que él pueda de nuevo follarte. Porque te amo, mi vida.

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