domingo, 20 de marzo de 2011

Cornudo por cuarta vez (I)

Sueño contigo, me imagino que ya te he encontrado y que vivimos juntos, casados. Y que desde el primer día me has impuesto la castidad más absoluta, mientras tú tienes libertad para follar con quien quieras. Y ya era mi noveno día de castidad absoluta, amor mío, cuando te extrañaste de que no te preguntara de dónde venías.

Y es que yo acepto tu libertad total y absoluta y mi más estricta negación de libertad por tu parte, pues he de contarte qué hago en cada momento, mientras tú eres libre para hacer lo que quieras, sin darme explicaciones.
- ¿No me preguntas de dónde vengo?
- Sí, te he dicho qué ha pasado, porque es tarde.
- Ha pasado que has sido cornudo de nuevo.
- Cuéntame, por favor
- Estoy agotada. Mañana.
- No, por favor. Ahora. Te lo suplico.
- ¿Qué me suplicas?
- Que me cuentes cómo me has hecho cornudo.
- Ah, bueno, entonces sí.
- Cuantos has echado?
- He follado cuatro veces y he tenido 5 orgasmos con un chico que se llama Gustavo y que ha venido a verme pues sabía que he estado mala. Me ha traído flores y fruta.
- ¿Has follado en la cama de tu casa?
- Si. Amor. ¿Existe algún problema?
- No, ninguno. Es que es más humillante que te lo hayas follado en tu cama, en la que será nuestra cama.
- Así es.
- ¿Habías ya follado con él antes?
- Sí. Es un novio que tenia mientras vivía en otro estado de mi país.
- ¿Has pensando en mi?
- Desde luego.
- Le has dicho que tiene un novio cornudo?
- Así es. Pero sólo quería que supieras que te he hecho de nuevo cornudo y que durmieras rico. cornudo mío.
- Gracias por hacerme cornudo. Estoy celoso, pero extrañamente excitado. Cuéntame, te lo suplico.
- ¿Qué me suplicas?
- Que me cuentes cómo me has hecho cornudo. Siento que cada día eres más libre y yo más esclavo.
- Así es y así será. Pues te cuento que ha venido a casa. Me he quedado sola con él en mi habitación
- ¿Y has empezado tú, supongo?
- Así es. Comencé acariciándolo por encima del pantalón. Me di cuenta que de inmediato se le ponía durísima, así que le pedí se pusiera de pie frente a mi. Le saqué la polla del pantalón, porque él tiene polla y tú pito impotente y cornudo. Y estaba realmente erecta. Comencé a hacerle una ligera paja. Después le azoté los huevos, poco a poco, mientras veía como gemía. Al ser tan vainilla le pregunté si sus gemidos eran de placer o de dolor. Me dijo: “me duele, pero me gusta mucho”.
- Vaya, a ver si es sumiso.
- Lo es. Y si no lo era ahora ya lo es. Pero yo continúe jugueteando con su polla y sus huevos
cada vez más fuerte, con los azotes cada vez más constantes, y el estaba cada vez mas excitado y sus gemidos me llenaban de placer. Me excitaba a 100 y de inmediato me saque la blusa, dejé mis tetas al aire mientras le seguía pajeando.


- Sigue, por favor.
- Suplícame.
- Te suplico que me sigas contando cómo me has hecho cornudo.
- Muy bien, cornudo. ¿Y tú cómo estás?
- Celoso y excitado. Siento una extraña excitación.
- ¿Y qué más? Dime.
- Deseando saber más.
- ¿Solo así?
- Y amándote más aún.
- Bien. Muy bien cornudo. Te lo diré: Cada vez que acercaba su polla a mis tetas deseaba tenerla ya mismo dentro de mí. Pero decidí esperar hasta tenerlo no a 100 sino a 1000. Y sólo entonces me saqué la ropa y le advertí que quería un buen oral, una buena lamida de coño. Así que de inmediato se puso de rodillas frente a mí para lamerme el coño. Estaba híper excitado, y yo al azotarle y escuchar sus gemidos, me corrí.
- ¿Le azotabas los huevos con la mano?

(continúa más abajo)

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