domingo, 20 de marzo de 2011

Cornudo por cuarta vez (II)

Seguiste contándome mis cuartos cuernos desde que nos amamos. Porque nos amamos con locura, cada uno desde su punto de vista: tu Ama dominante y yo cornudo sumiso. Así que cuando te pregunté si le azotabas los huevos a tu amante Gustavo, con el que estabas follando, me dijiste que sí.
- Así es. Y no sabrás cuántas cosas le hice a sus bolas. ¡Caray!, sí que me gustan los huevos de Gustavo! Pero en fin… saqué mi antifaz del armario y el látigo de principiantes, le azoté el culo, después le dije que me follara. Y me puse a 4 patas. Ya te dije que era mi postura favorita. Y me folló una vez más. Le pedí que me diera nalgada en el culo para que así le saliera lo macho y lo bestia. Funcionó. Se puso bravo y me folló tremendamente. Me corrí de nuevo. Pero una vez más tomé el control y le dije que me limpiara el coño. Y me corrí de nuevo.
- Sigue, por favor. Te lo suplico.
- Me gusta verte suplicar que te cuente cómo te hago cornudo. ¿Estás gozando, verdad?
- Sí, estoy excitado…celoso…no sé, es un placer muy extraño, mezcla de dolor y placer.
- ¿Qué más?
- Y loco de amor por ti.
- ¿Impotente aún?
- Sí, un poco.
- ¿Te tocas?
- No
- Muy bien, cornudo. Lo tiré en la cama, me monté sobre él y me lo follé. Y luego me puse de pie en la cama hasta poner mi coño en su boca, mientras él seguía tumbado boca arriba. Después me giré y le chupé la polla, mientras él me comía a mí el coño. Y de nuevo me corrí. Entonces me recosté boca arriba y se abalanzó sobre mí, me levantó las piernas tan alto que me penetró sin ningún problema. Yo sentía su polla tan adentro que me excitaba de nuevo y deseaba incluso tener sus huevos dentro.
- Tengo la polla dura (perdón, el pito duro).
- Suplícame que siga.
- Te suplico, amor mío, que sigas contándome cómo me has hecho cornudo.
- Bien, cornudo. Le pedí que me tire su leche en mis tetas, pero antes de que eso ocurriera me puse una vez más a cuatro patas y él entonces me dijo que le pidiera que me follara con fuerza. Y así lo hice. Le pedí que me follara duro, para placer mío y de mi cornudo.
- ¿Le dijiste eso?
- Así es.
- Pero él ya sabía que tienes un novio cornudo.
- Se lo dije cuando empezábamos, pero quizás no puso mucha atención porque después me preguntó por ello al terminar. Pero me follaba duro, ya te digo, mientras acariciaba mi culo y me azotaba las nalgas de vez en cuando.
- ¿Te gusta que te azoten tus machos?
- No. Todo depende de quién sea. En Gustavo puedo ver que se pone fiera cuando lo hace y yo deseaba que me follara a lo bestia.
- Y yo nunca podré follarte…
- Jamás, cornudo. Tú eres impotente. Y si no lo eres completamente me encargaré de que lo seas.
- Lo sé, amor mío.
- Jamás podrás follar conmigo. Te limitarás a verme gozar.
- Lo sé, pero ahora la tengo dura.
- Pues cuando se corría en mi pecho, deseaba que estuvieras allí para limpiarme con tu lengua y agradecerme que te haya hecho cornudo. Una vez más.
- Lo haré, amor mío. Ya te lo agradezco. Pero sigue contando, por favor. ¿Lo has besado en los labios?
- No.
- Por qué.
- Porque no me llama. No me va. Te lo dije antes: Lo haré con quien quiera siempre que quiera, pero con él no quise.
- ¿Qué te dijo cuando le comentaste que tenías un novio cornudo?
Le hablé de ti. Y sólo dijo: ¡ wow que rico! Pero quiero que sepas que pensé siempre en ti y deseaba venir a decírtelo.
- Gracias, amor mío.

Y luego me dijiste que estabas muy cansada (yo supuse que también muy bien follada), y que te ibas a la cama, pero que antes borrara cinco amigos del perfil de Facebook. Ya he eliminado a otros que tú me has pedido. Sé por qué lo haces: para que poco a poco me vaya quedando sólo en el perfil y sólo este yo pendiente de ti. Supongo que es por eso. Vas a eliminar a mis amigos/as poco a poco, para que esté yo sólo dedicado a ti plenamente. Lo conseguirás, no te quepa duda.

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