sábado, 9 de abril de 2011

Cornudo desde todos los ángulos

Sueño contigo. Sueño que ya vivimos juntos y que me has has dicho que has tenido sexo oral con tu ex - novio y que mientras te lo hacías has pensado en mí, en que debo cambiar el contrato para modificar un artº. El que hace referencia a que tendrás que darme 10 azotes todo los días, sin excepción. Por obligación.
- Porque no sólo te azotaré cuando tenga un orgasmos con mis amantes -me has explicado-, sino también cuando me hagas enfadar, cuando esté estresada o simplemente sin nada que hacer. Aburrida. Cuando quieras, cuando me apetezca, por capricho. Porque ese culo que llevas es mío y puedo azotarlo cuando quiera. ¿Lo sabes, no?
- Sí, amor mío, Nunca lo he puesto en duda. Y además lo pone en nuestro contrato. Tendrás que azotarme todos los días sin motivo alguno, por obligación, dándome 10 azotes.
- Creo que debemos de doblarlos. Que sean 20. ¿No estás de acuerdo, cornudo?
- Si amor, lo que tú digas.

Y luego, me has explicado que mientras tu ex novio te comía el coño has seguido pensando en mí y has decidido que cuando accedas a chuparme el pito, mi pito-clítoris impotente, me pondrás pinzas en los pezones para que siempre que tenga algún placer, también sienta dolor.
- Debes acostumbrarte que tú placer está íntimamente ligado al dolor -me has explicado-, y que no se puede separar lo uno de la otro. Jamás tendrás placer sin dolor. ¿Lo comprendes?
- Sí, amor. Me parece justo, lógico, normal, consecuente…
- Nunca tendrás placer sin estar asociado al dolor. Así que cuando venga de follar con mi amante te azotaré el culo, de preferencia con mi mano, aunque no descartes jamás fusta, latigo, pala, o incluso una chancla.
- ¿Te gusta azotarme el culo con la mano?
- Lo que más. Te doblaré sobre mis muslos y te azotaré con el número que obtenga de multiplicar por 5 los orgasmos que haya tenido con mi amante, al follar con otro y hacerte cornudo.
- ¿Siempre será sobre tus muslos?
- Seguramente así será o sobre los de mi amante, según sea mi deseo de ese día. O
sobre un banco, en la silla, en la cama o atado a la argolla del techo. No no lo sabrás hasta que te lo indique en el momento.
- ¿Sobre los muslos de tu amante?
- Así es. Qué mejor forma de terminar unos cuernos que en los muslos de mi amante siendo azotado. ¿No es así?
- Sí, amor mío.
- Eso sí, deberá ser un amante especial el que te tenga en sus muslos mientras te azoto. El macho qué mayor placer me provoque. Y tú mismo, alguna vez, tras verme follar, tendrás el privilegio de suplicar que lo haga, que te doble sobre los muslos del macho que te ha hecho cornudo para que te dé los azotes con mi mano. Me lo tendrás que suplicar frente a él. Me pedirás ser azotado en los muslos de mi amante.... Porque no hay mayor placer para mí que seas tú quién lo suplique.
- Pero me azotarás tú, ¿verdad?
- Desde luego, pero no descartes que alguna serie de azotes pueda dártelos él bajo mi orden y supervisión.
- Lo que tú digas.

Porque es siempre lo que tú dices, ya que luego me has explicado que practicarás también el bondage conmigo, que me atarás porque te gusta mucho. Me harás el bondage, me colocarás el cinturón y me pondrás en una esquina de la habitación para que vea en bondage cómo follas con otro y me haces cornudo.
- Incluso podría dejarte sin cinturón. De todas formas no podrás tocarte, ja, ja,ja.
- Eres deliciosamente diabólica.
- En nuestra habitación habrá que colocar grandes espejos, amor, tanto para que veas cómo te azoto, como para que veas cómo follo con otros y te hago cornudo, desde todos los ángulos posibles. Para que no te pierdas nada.
- Eres deliciosamente cruel, amor mío.
- Lo seré más cuando roce mi coño con tu impotente pito, y eso mi vida, sí lo haré a menudo. Un buen bondage y me subiré sobre tu pito impotente y flácido, ya estés tú acostado o sentado. Y me moveré como si rozara un coño más. Y sufrirás la tortura y el placer de sentir mi coño rozando tu pito, pero sin poder follarme porque no me follarás jamás. ¿Lo sabes no?

Y te he dicho que sí, que lo sé y lo acepto. Que acepto que me voy a morir sin haber follado contigo porque mi pito no es digno de entrar en tu sagrado coño pues sería profanarlo y en él sólo pueden entrar pollas de machos, no pitos de sumisos cornudos.

Y te he dicho que sí, que gracias por el privilegio de ser tu sumiso cornudo porque te amo, amor mío, como jamás nadie te podrá amar. Porque soy tuyo, te amo y renuncio a todo, porque cuando se ama a una mujer como tú es como si se entrara en un convento de clausura en el que tú eres la Diosa, la castidad es la norma y la exclusividad a ti el único Norte que me guía.

Para que nada ni nadie pueda interferir en el amor infinito que siento por ti, en mi exclusiva dedicación a ti, en mi total predisposición a pertenecerte por completo y dedicarme a amarte y servirte, sin nada que me distraiga. Todo esto me parece aún poco, amor mío, porque yo quiero que seas libre y que disfrutes de tu libertad y de mi esclavitud. Deseo que seas libre, muy libre, mientras tu sumiso cornudo se queda en clausura y castidad para adorarte, servirte y amarte.

Porque sólo quiero ser suyo sin nada ni nadie que me distraiga, y estar recogido en clausura para adorarte e idolatrarte sin que nada ni nadie me distraiga de mi devoción. Porque tengo vocación de sumisión a ti, amor mío. Y porque todo esto me parece aún poco, muy poco.

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