jueves, 5 de mayo de 2011

La puta y su cornudo (II)

Y con mucho éxito porque a partir de ese día ella fue una de las chicas más solicitadas para entrar en aquella habitación en la que sobre el cabecero de la cama colgaba, con un precioso marco dorado, la fotocopia de nuestro libro de familia en la que aparecían las fotos de los dos, para que ningún cliente tuviera dudas de que ponía los cuernos. Verdaderos cuernos. Y ellos siempre miraban primero la fotocopia, luego a los dos, y entonces ya se desnudaban complacidos.

El nuevo servicio fue de lo más solicitado desde que se ofreció al personal y aumentó cuando se le añadieron otros complementos como, por ejemplo, que el cliente pagara una cantidad mayor si, además del servicio normal de puta y cornudo, quería que ella me doblara sobre sus rodillas y me azotara el culo con una zapatilla y ver así como se me ponía la polla dura al sentirme literalmente "cornudo y apaleado", que es como se llamaba a este servicio. Y un servidor con la polla tiesa y ella con los labios de su coño húmedos y brillantes.

Tan húmedos que después de quitarme de sus muslos ella se echaba en la cama y se abría de piernas para ofrecerse a los clientes y que ellos pudieran meterle el dedo en su coño y sacarlo mojado, debido a su excitación, después de hacerme cornudo y además apaleado. Porque ella se excitaba tanto como yo o más, todo hay que decirlo.

La verdad es que éramos la pareja perfecta. "La puta y el cornudo", nos decían los demás compañeros del piso, porque era verdad ya que ella a partir de nuestra boda folló todavía más que antes, con más tíos y durante mayor tiempo, y yo era cornudo absoluto porque no había follado aún con ella.

No la había catado, porque ella misma me lo había prohibido ya que decía que los clientes, al saberlo, se excitaban más, repetían, y ella así se sentía más puta y gozaba más al hacerme más cornudo aún. Porque según decía su placer no sólo estaba en follar con los tíos, sino en saber que su marido era feliz siendo cornudo sumiso. Eso le daba un gozo añadido inusitado que no quería perder.

Se refirió incluso a que pensaba infibularme la polla con una anilla clavada en el prepucio para que jamás pudiera follarla, para que todos supieran que jamás podría follar con mi mujer mientras que cualquier macho, previo pase por caja, sí podía hacerlo. Esto era aún más humillante para mí y más excitante para ella.

De hecho yo le preguntaba al cliente que la acababa de penetrar qué tal era su coño, si estaba cálido, estrechito, acogedor. Y él me solía decir que sí, que muy bueno, muy confortable y que le daba mucho gusto porque mi mujer era tan puta que además lo cerraba y abría para acoger mejor su polla, para darle más gusto. "No sabes el coño que te pierdes", me solía decir alguno de ellos, mientras seguía follándose a mi mujer.

1 comentarios :

  1. Debe ser lo máximo. Ver como tu mujer folla con cuanto tio le viene en gana y además ante tus narices,como cornudo mirón que eres. Y para colmo, que tú nunca puedas follártela, por que te lo tiene prohibido. Te dice que los cornudos no follan. Solo se pueden hacer pajas, cuando ella se lo permita.

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