miércoles, 30 de mayo de 2012

Cornudo para toda la vida

A tus padres les dijiste que no podíamos tener hijos y que lo habíamos adoptado. A tus compañeros de trabajo también. Sólo tus amigas sabían la verdad: que no era mi hijo pues el niño era fruto de los cuernos, de tus folladas con un negro porque quería humillarme hasta lo más profundo, llevarme subespacio de placer en el que existe un amor total y absoluto, sin límites y en el que yo soy feliz al gozar con tu libertad total y absoluta, mientras yo no tengo absolutamente ninguna libertad.

Y así fue como lo hiciste. Follaste con uno de tus amantes negros y que quedaste preñada. “Por supuesto que él hizo de mamporrero para quedarme preñada de otro”, le dijiste a tus amigas cuando te preguntaron muy interesadas. “Él sabe que es un cornudo total y que el niño negro será un recordatorio para todo su vida de sus cuernos, de que es cornudo. Se sentirá cornudo al cambiarle los pañales, al verlo crecer, al llevarlo al colegio y todo el resto de su vida. No creo que haya un mejor recordatorio y constante, día a día, y hora a hora, de que es un cornudo sumiso.

"No hay una demostración mayor de amor, porque ya sabéis:  él no ha follado conmigo jamás, nunca, ni en la noche de bodas. Y nada y nada más conocernos e intimar le di unas unas pastillas para que se quedara totalmente impotente". Eso les decías mientras me mandabas a prepararle a tus amigas unas copas. Y cuando regresé de la cocina seguiste con tu monólogo. "Él era ya casi era impotente, sólo se le ponía dura al cornearlo y humillarlo,   pero lo acentué aún más para que no hubiera dudas".

- ¿Verdad cariño? -me pregunaste delante de ellas.
- Sí, amor mío. Todo es cierto.
- Eres feliz, cornudo mío.
- Sí, mi amor. Soy muy feliz.
- Por qué. Explícale a kis amigas por qué eres tan feliz.
- Porque te amo y siento mucho placer siendo tu cornudo sumiso.
- Gracias, amor. Eres un cornudo con matrícula de honor y estoy muy contenta de ti. Te amo.
- Yo también te quiero, amor mío y soy feliz mientras me haces tu cornudo total y absoluto.

- Lo sé cariño. Lo sé y por eso te quiero. Y porque me  excita sobremanera coger el enorme pollón duro de mi amante y compararlo con su pollita, con su pito caído -le dijiste a tus amigas-.  Es lo que más me pone.
- ¿Verdad que sí, cornudo mio?
- Si, amor mío. A mí también me excita mucho que me humilles, aunque no se me ponga dura.
- Claro, porque tú tienes pito y no polla.
- Es cierto, lo mío es un pito.
- Un ricdículo pito-clítoris, ¿verdad cpornudo?.
- Sí,  amor mío.

Y luego te has vuelto para hablar con tus amigas y les has dicho lo mucho que te excita el amor que siento por ti.
- Porque el me ama, que lo sepáis y yo lo quiero a él con locura. Cuanto más se entrega, más se humilla y más cornudo lo hago, más lo amo -les has aclarado-. Pero como os decía, cuando ya estoy muy mojada por la humillación,  me pongo a follar delante de él y luego le obligo a chuparle la polla a mi amante para darle las gracias por hacerlo cornudo. Es tan feliz, que no dejo nunca de hacerlo para que no se le olvide que me ama más allá de toda razón, límite o convención social. Que para él sólo existo yo, que soy su vida, que soy un fruto prohibido y que lo que a él le está prohibido está al alcance de cualquiera que yo desee. Que todos pueden follar conmigo, si me apetece, excepto él que se morirá sin haber penetrado mi hermoso coño. Y aunque os resulte extraño, mis queridas amigas, eso es lo que más le excita: tener la certeza de que jamás follará conmigo.

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