miércoles, 27 de junio de 2012

Mis cojones son tuyos


Sueño contigo, con que por fin te he encontrado y te he llevado en brazos al cuarto de baño y te he confesado que la castidad por ti hace que tus cojones siguen almacenando cada día más tu leche en tu despensa. En tus cojones, porque son tuyos y puedes hacer con ellos lo que se te antoje. Mis cojones son tuyos, mi Ama.

Y me he puesto a cuatro patas para que veas como cuelgan entre mis muslos y te los he ofrecido para que los cojas, los aprietes y hagas con ellos lo que quieras.
- Mi ama, te ofrezco mis huevos llenos de tu leche para que los apretujes, los estrujes, los apriete y los hagas tuyos. Mis cojones ya son tuyos. Yo ya no tengo huevos, yo ya no tengo cojones, porque mis cojones te pertenecen y puedes hacer con ellos lo que quiera.
- Lo sé, porque además ya no eres hombre, no eres macho, sino una puta sumisa.
- Lo sé, mi Ama, pero pese a ello te los ofrezco porque yo no quiero tenerlos, no quiero tener huevos, y quiero que sean tuyos, de tu exclusiva propiedad.
- No hace falta que me los ofrezcas. Siempre he sabido que son míos.
- Sí, mi Ama. Son suyos.

Y tú has salido de la ducha, te has acercado por detrás y me los has cogido para estrujarlos. Y luego los has apretado, has tirado de ellos y has seguido apretándolos y estrujándolos mientras yo jadeo de placer y de posesión pues me siento completamente poseído por ti, descojonado, con mis huevos en tu mano, apretados y sintiendo la posesión que tú haces de mis hombría, de lo más importante que un hombre tiene.
- ¿Me ofreces tus cojones aún sabiendo que es lo que un hombre más ama?
- Sí, mi Ama. Son suyos, te pertenecen. Puedes cogerlos, apretarlos, atarlos, ponerles anillas, enjaularlos y ofrecerlos a tu macho por si quiere pisotearlos para anularme a mí como hombre y que sólo quede él como macho dominante, para que sea de verdad tu puta sumisa y tu cornudo más fiel.
- De acuerdo. Tus cojones son ahora míos y puedo pisotearlos si quiero.

Y yo me tendí sobre el suelo boca abajo, abrí las piernas y tú pusiste el pie sobre ellos y los pisoteaste a tu gusto y los volviste a pisotear mientras me decías que esos cojones llenos de leche, llenos de "tu leche", te pertenecían y podría pisotearlos y ofrecerlos a tus amantes para que los pisotearan.
- Sí, mi ama. Puedes hacer eso y más.

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