martes, 16 de octubre de 2012

El hombre que siempre habías buscado

Cuando veo como te coge el culo y como tú le metes mano en la polla por encima del pantalón, casi delante de todos nuestros amigos, siento celos, pero también una extraña excitación. Porque estamos en la fiesta de cumpleaños de una de tus amigas y ella ha invitado a todos los matrimonios que solemos quedar habitualmente.  Más él, claro. 

Tu amante, el hombre que desde hace un mes te follas y que también ha sido invitado. No sé por quién, pero me lo imagino. Está aquí, eso es todo. Y tú le sobas la entrepierna, calibras su polla y su grado de excitación. Los demás bailan o están sentados tomando copas mientras vosotros os metéis mano en un rincón. Algo apartado, pero no tanto para que no se os vea con las carantoñas. Yo me he sentado en el sofá y miro. No puedo hacer otra cosa. Siento celos, pero tengo mi pollita dura. 

Los demás parece que ya se han percatado porque todos se acercan con discreción y os miran. Luego vuelven al centro del salón con una sonrisa. Yo no digo nada. Sólo procuro taparme mi pollita dura. A mi lado una amiga tuya me sonríe y me dice que pronto subirán a las habitaciones de arriba. No lo sabía. Hasta ahora habías follado sólo en casa, en un hotel, en su casa o en su yate de lujo pues es millonario. 

Un hombre acostumbrado a follar con quien quiere. Y ahora con mi mujer. Porque tú te has quedado prendada de él, cuando te lamo el coño dices su nombre, y suspiras esperando que él te llame. No es tu primer amante, no es el primer hombre con el que me haces cornudo, pero sí es alguien especial.


Tenía razón tu amiga. Ahora os veo subir por las escaleras a la habitación de arriba, cogidos de la mano. Tú tiras de él. Los demás miran y sonríen. Lo saben. Supongo que tú se lo habrás dicho a tus amigas y ellas a sus maridos. Me siento extraño. 

Soy el único cornudo de la sala porque los demás están felizmente casados. Bebo unas copas. Siento celos, sobre todo porque parece que no quieres que mire mi puesta de cuernos. Cuando no me dices nada me he de apartar y dejarte a solas con ellos. Me bebo otra copa. Mi pollita sigue dura. La amiga de al lado me dice que no me atreva a subir, que quieren estar sola. Supongo que es ella la que lo ha invitado, tu cómplice.

Y no subo. Me quedo quieto saboreando tu copa e imaginándote como te lo follas, como le aprietas su polla con tu hermoso coño, como te lo comes vivo. Te conozco y sé que cuando te gusta un macho te conviertes en una puta, en una ninfómana, en su puta. Siempre me has dicho que te gusta ver gozar a tus machos y que eso es lo que más te excita. Por eso eres tan buena en la cama. 

Supongo,  porque conmigo nunca has follado pues cuando descubriste de novios que no podía, que era impotente, no me dejaste, como sería lógico, sino que sonreíste y me dijiste que era el hombre de tu vida, el hombre que siempre habías buscado.
-  Quiero seguir siendo una mujer libre y tú eres el hombre ideal.
-  Pero es que yo te amo –te dije.
-  Yo no. Te tengo cariño, pero no te amo. Me enamoro de los hombres de verdad. Me gustan los tíos duros, los canallas. Lo siento, pero así están las cosas.
- Yo no puedo vivir sin ti
-  Pues entonces has de aceptar mis condiciones

Y las acepté. Has tenido todos los amantes que has querido y  yo no he follado jamás contigo porque tú no quieres. Un día te dije que podría conseguir Viagra o Cialis, las pastillas para ponérmela dura y dijiste que no, que de ninguna manera, que me dejabas.
-  Si me follas se pierde el encanto de la sumisión,  de hacerte cornudo –me dijiste. No podrás follarme jamás –me insististe.


Y así ha sido. Lo único que me permites es que le lama antes de que folles con otro. O después de haber follado con él. Dormimos en camas separadas y no he entrado jamás en tu cama. Te lamo de rodillas en el borde mientras tú estás sentada. Tampoco he lamido tus pechos como no estén llenos de semen. Te gusta humillarme. Dices que tus orgasmos se multiplican y que desde que me haces cornudo te has convertido en multiorgásmica.

Pero ahora apuro mi copa porque tu amiga que estaba sentada a mi lado, se ha levantado y ha subido. Al rato ha aparecido en la escalera y me ha hecho un gesto para que subiera. Y cuando he subido me he vuelto y he visto que todos, absolutamente todos, miraban hacía mi sonriendo.
- Entra. Te está esperando.

Y he entrado en la habitación y te he visto clavada sobre él follándotelo despacio, muy despacio, como si quisieras exprimirle la polla, rozarla con tu coño, saborear cada milímetro de su piel. Quieres disfrutarlo entero, que no se te escape nada y por eso te lo follas despacio, muy despacio, subiendo y bajando tu coño sobre su polla, mientras yo la veo entrar y salir de tu hermoso coño. Hasta que tú te has corrido. Varias veces seguidas porque has comenzado a suspirar, a gemir y a dar grititos  de placer que supongo que habrán oído abajo. Se oye el murmullo que llega de la primera planta.

Pero tú no has hecho caso, te has levantado, lo has puesto de pie y te has metido su polla en la boca mientras me miras a mí con una mirada perversa, pícara, morbosa. Me lo dices todo con esa mirada. Y se corre, pero tú evitas tu boca y haces que su semen caiga sobre tus pechitos; esos pequeños pechos que adoro y que no puedo lamer ni besar como no tengan la leche de tus machos. 

Ahora podré. Ahora puedo porque ya los estoy chupando, lamiendo, besando…Saben a su semen algo salado. Pero te los limpio despacio porque sé que cuando se acabe el semen para lamer me apartarás. Así que lamo muy despacio el semen para que no se acabe y pueda seguir lamiéndote los pechitos. Y besándolos.
- Se acabó de mamar, cornudo. Ve a por el coche que vamos a casa a seguir follando

Y eso he hecho, pero cuando hemos llegado me has dicho que duerma en el sofá porque no quieres que te moleste. Te gusta demasiado y quieres pasar sola la noche con él. Por la mañana sé que tengo que llevaros el desayuno a la cama.Y recoger los condones que él ha dejado tras follar contigo y que tú me enseñarás como trofeos.

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