viernes, 19 de octubre de 2012

Shara Dom y su cornudo favoriito (II)

Luego volvimos cada uno a nuestro trabajo y así seguimos por algunos meses, carteándonos por e-mail, hasta que un día me comentó que su jefe le había propuesto un trato. "Yo te amo, cornudo mío, pero ese hombre me vuelve loca de excitación, no es impotente como tú y además me ha propuesto una idea que nos va a permitir estar juntos en el futuro".

Según me comentó él le había propuesto un traslado a la ciudad en la que yo vivía con la condición de que fuese su amante aquí durante un año. En ese tiempo yo sería su marido cornudo, no podía tocarla, ni vivir con ella, porque ella sólo viviría para su amante. Me llamó por teléfono y me lo comentó. Y yo le respondí que lo entendía y le dije que sí, que consentía en aquel acuerdo.
- ¿Qué dices cornudo mío?.
- Que consiento.
- ¿Qué consientes?.
- Que te acuestes con tu macho y que me pongas los cuernos.
- ¿Quieres ser cornudo?
- Sí, quiero.
- ¿Qué quieres?.
- Quiero que me pongas los cuernos
- Por qué
- Porque así te amaré más.
- Pero ya sabes, cornudo mío, que pese a que me acueste con él tu no puedes tener placer, ni tocarte, ni tan siquiera mirar a otra mujer por la calle. Y que JAMÁS follarás conmigo y tu ridículo pene jamás rozara mi coño. Y pese a ello, ¿aceptas ser mi cornudo sumiso?
- Sí, lo acepto.
- ¿Qué aceptas?
- Ser tu cornudo impotente.
-¿Te gusta que mientras tu mujer te pone los cuernos con otro, tiene placer con otro, tú no puedas ni acariciarte sin mi permiso?
- Sí, me gusta y me excita mucho.
- Por qué.
- Porque soy tu cornudo impotente.
- Y porque te gusta sufrir por mí.
- Sí, Shara, me excita que me hagas sufrir.
- Y porque cuanto más cornudo te haga me querrás más, verdad.
- Sí, Shara, cuanto más cornudo me hagas, más goces tú y más me impidas a mi gozar, más te amaré.
- Entonces tendré que hacerte muy cornudo amor mío, porque quiero que me ames con toda tu alma.

Así fue como ella se trasladó a mi ciudad  a trabajar y a vivir en el piso de su amante, que al final del tiempo pactado sería de ella.. Yo sólo podía visitarla algunos domingos que él no estaba, para dejar que ella me pusiera sus braguitas usadas y poder así sentirla junto a mi polla en todos los momentos del día al estar en contacto con la tela que había tocado su adorable sexo. Sólo me permitía ese contacto con su sexo. A través de la tela.

Y también me permitía lamerla y lamerla, labor a la que me entregaba con frenesí y devoción, aunque supiera que el excitarla más con mis lamidas, serviría para que ella más gozara luego con su amante. Pero me sentía feliz porque cuando estaba junto a ella, y me quitaba el cinturón de castidad para acariciarme con sus pies mi pito, veía en el brillo de sus ojos que era feliz y que estaba satisfecha. Luego me colocaba a cuatro patas sobre la mesa, me azotaba el culo, se ponía un guante negro de esos largos y me acariciaba y apretaba las pelotas, para ver como estaba su semen, su leche hidratante como ella lo llamaba, porque la utilizaba para mantener tersa la piel de sus pies. 

Me las estiraba, las estrujaba, las apretaba, las comprimía y cuando comprobaba el estado de su carga, decidía o no ordeñarme según la simiente que hubiera encontrado en ella. Casi siempre se mostraba huraña e insatisfecha porque decía que generaba poco producto, y como sabía que cuando más excitado estaba más leche producía, decidió excitarme más para que su despensa estuviera más llena. Y aquí es donde entraba la personalidad de mi esposa Shara porque ella me conocía profundamente y sabía que es lo que más me excitaba.

- Voy a tener que ponerte más los cuernos en tu presencia, cornudo mío, -me solía decir-, porque sé que lo que más te excita es verme en brazos de otro, follada por otro y que te humille al hacerte cornudo. Así tendré suficiente semen para que mis pies estén más bonitos.

Y entonces me hacía asistir a sus cogidas con su amante para tenerme más excitado y que produjera más de su producto. Y yo la veía allí con él, y me humillaba ante ella diciéndole lo que a ella le gustaba tanto: Sí mi querida Shara, -le decía animándola-, goza cuanto quieras porque yo te  amo tanto, con tal entrega y sumisión, que soy feliz sufriendo humillado para que tú  goces, porque me excita verte gozar con él, llena de su gorda polla, corriéndote como una loca con  un macho que te merece, que es hombre, que no es impotente masoquista como yo.
- Que bien follas con él mi ama, que placer veo que sientes, que delicia saberme cada día más cornudo para que tú  goces. Que bella estás disfrutando con otras pollas y que cara de felicidad se te ve, mi ama, que hermosa estás  cuando follas con un verdadero macho. Porque hacerme cornudo impotente te hace más bella. Mucho más.

Pero ella era muy mujer/mujer y necesita estar muy satisfecha por lo que a veces no le basta con su amante y me hacía buscarle un gigoló para satisfacerla, que por supuesto pagaba yo. Y si el que le  había  buscado no le rendía lo suficiente, no la satisfacía plenamente, cuando él se marcha me doblaba sobre sus rodillas y me azotaba el culo inclemente, mientras me decía  que la próxima vez le buscara un macho mejor. Y yo tan feliz, porque es que la quería  tanto que siempre quiero lo mejor para ella.

Ya ha pasado el año y su amante ya no está con ella porque mi querida Shara se ha cansado de él. Ahora le gustan otros más variados, los que conoce por bares y discotecas que trae a casa para presentármelos y para follar con ellos, mientras que yo la contemplo tan bella, tan guapa, porque cuanto más cornudo me hace más bella está.

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