domingo, 21 de octubre de 2012

Ya sabes lo que tienes que hacer, cornudo


Me has llamado por telefóno y me has dicho que acuda pronto a casa. Que me esperas. Y me he apresurado en el trabajo y he cogido el coche para conducir como loco y acercarme a casa, donde sé que me esperas. Y cuando he llegado me he cruzado en el portal con un joven muy apuesto y cachas que ha salido precipitado. Ni tan siquiera he cogido el ascenso y he subido corriendo a nuestro piso, he abierto la puerta, te he buscado por el dormitorio, las sala de estar y al final he entrado en la cocina. Estabas apoyada en el fregadero con el culo al aíre y con algo blanco que te caía entre los muslos.
- Te estoy esperando -me has dicho.
- Lo sé, amor mío. Ya lo veo.
- Pues entonces date prisa.

Y me he arrodillado detrás de ti, te he lamido el culo y he oído como gimes.
- Ya sabes lo que tienes que hacer, aparte de lamerme el culo.
- Sí, amor mío.
- Te estoy esperando
- Sí, amor mío.
- Pues entonces date prisa.
- Sí, mi amor.
- Date prisa, cornudo.
- Sí, mi amor.
- Pues venga. !Lame!

Y te he lamido la leche de tu macho que te caía por el sexo y parte del muslo.
- Como llegue al suelo, la próxima vez no te dejo mirara cómo te hago cornudo.

Y he lamido con frución y he evitado que cayera al suelo.
- Muy bien cornudo -me has felicitado, mientras gemías y te corrías.

Y luego te has bajado la falda, te has vuelto y me has dado un par de hostias, mientras me sonreías.
- Esto por tardar y llegar tarde a tu puesta de cuernos.

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