domingo, 4 de noviembre de 2012

Cornudo, lameculos y azotado


Me has dicho: “Lámeme el culo”. Y me he arrodillado en el acto detrás de ti para lamértelo. Pero tú me has apartado, me has enseñado la llave de mi cinturón de castidad y me has advertido que ahora no, cuando llegue tu macho, tu nuevo amante.
-  Quiero que conozcas su polla –me has advertido.

Una nueva polla que he de conocer porque desde que nos casamos tengo las fotos de todas las pollas que te has follado guardadas en un álbum. Tú me obligaste a abrirlo y desde los primeros cuernos tengo todas las pollas que te has follado. Todas. Por orden y con una nota que tú les pones según te hayan hecho gozar o no. Así que supongo que a esta nueva polla también tendré que hacerle una foto, imprimirla en el ordenador y pegarla en el álbum con el nombre del macho, la fecha y  los orgasmos que has tenido.  Ya van tres álbumes porque eres muy fogosa y además te excita sobremanera que yo sea sumiso y cornudo.
-  Cuando más te pongo los cuernos más me excito –me sueles decir.

Y eso me has dicho antes de ir a la puerta para abrirla porque acaban de llamar. Esta vez no he idoyo  a abrirla porque dices que quieres morrearte con él en la entrada, que te meta mano y que ter magree las tetas y el culo, mientras lo llevas a la habitación. A nuestra cama de matrimonio donde te lo follas mientras yo permanezco de rodillas besándote las manos y dándote las gracias por hacerme cornudo. Y dicéndote que te amo, claro. Porque te amo. Y mucho.

Así que cuando te has montado encima de él y te has clavado su polla en tu coño, me he puesto detrás de los dos y me he acercado a tu hermoso culo, al agujero de tu culo que tanto admiro y lamo, para meter mi lengua en él mientras subes y bajas por su polla. Te gusta sentir mis lamidas mientras te los follas. Te gusta que te lama el culo mientras me haces cornudo., Dices que es más humillante. Desde luego que lo es, pero no me importa porque te amo.
Eso te he dicho cuando he parado de lamerte por un instante.
- Te quiero, amor mío.
-  Lo sé, mi vida, pero sigue lamiéndome el culo mientras te hago cornudo.

Y he seguido lamiéndotelo hasta que te has corrido y me ha tocado limpiarte el coño de su leche. Como hago siempre. Es mi forma de amarte. No conozco otra. Porque luego me has atado las manos a una argolla del techo y me has azotado el culo delante de tu macho, a razón de diez azotes por cada orgasmo que has tenido. 50. Porque te has corrido 5 veces.
- Es que al lamerme el culo, mientras te hago cornudo,  no puedo parar de gozar, de correrme. Me pones a mil, cornudo de mi vida.
- Lo sé, amor mío.
- Entonces dame las gracias.

Y te he dado las gracias tras cada azote y por hacerme cornudo: "Gracias, amor mío por hacerme cornudo",  he respondido a tus trallazos hasta que has llegado a 50.
- Me gustaría que te azote mi macho, el hombre que te ha hecho cornudo. No creo que exista una mayor declaración de amor por tu parte que dejarte azotar por el hombre que te hace cornudo. Es una declaración de amor total que tendrás que hacer tarde o temprano. ¿Lo comprendes?
- Sí, amor mío.
- No sé cuando será porque no sé si todavía estás preparado. Pero vete concienciando porque tarde o temprano llegará ese momento. Quiero que seas consciente de ello. 
- Lo soy, mi vida.
- Me alegro.

Y para premiarme por mi buen comportamiento, como cornudo, y como sumiso, me has quitado el cinturón, me has acariciado un poco y cuando iba a llegar al orgasmo, has parado de pronto y me has vuelto a poner el cintuón de castidad.

Y yo te he dado las gracias,  porque aunque estoy excitado y sin poder correrme, cuanto más tiempo estoy en castidad  más putita sumisa me siento y cada día que pasa aumenta mi deseo de sumisión. Me lo dijiste cuando me pusiste el cintuón por primera vez, y ahora  comprendo el porqué.
- La cvastidad me hace sentirme  más sumiso a ti.
- Sí, y además vas  llenado mis pelotas de leche -me has corregido.
- Cierto, porque mis cojones son tuyos pues yo ya no tengo huevos pues te pertenecen a ti.
- Lo sé, mi amor.

Y es cierto, porque mis huevos ya no son míos sino tuyos, de tu propiedad -te he dicho. De tu exclusiva propiedad porque mis cojones son tuyos, mis huevos son tuyos y mis pelotas son tuyas, incluida la leche que guardo en ellos para ti, para cuando tú quieras ordeñarme y sacarla para tu exclusivo placer.
- Lo sé, cornudo mío.
- Porque mi placer te pertenece, porque mis huevos te pertenecen, mi voluntad te pertenece y porque yo te pertenezco y soy tuyo hasta en el último aliento, hasta el último pensamiento. Como debe de ser, como yo quiero que sea y como es ley natural. Y como te suplico que sea, por favor.
- Te quiero, amor mío.
- Yo también te quiero, cornudo.

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