miércoles, 14 de noviembre de 2012

Cornudo sorprendido

Habíamos quedado que serías simpática con él, que no le darías ningún corte y que le sonreirías siempre que pudieras. Había que conservar tu trabajo, eso me dijiste. Estaban echando a muchas empleadas a la calle y nosotros no podíamos permitírnoslo porque yo ya estaba en paro y necesitábamos el dinero. Y además tenemos dos hijos que mantener y a los que darles estudios. Eso me dijiste para convencerme. Y me convenciste
Por eso cuando el otro día acudí a tu trabajo para recogerte me quedé ciertamente extrañado al mirar por los cristales del despacho de tu jefe y verte con el culo en pompa mientras él te restregaba su polla. Eso era algo más que ser simpática, desde luego. Pero lo que más me extraño es que tú sacaras el culo para acercarla más a su polla, para facilitarle que él te pasara la polla por la raja del culo. Y también me sorprendió que gimieras y suspiraras.  
Y que miraras hacia donde yo estaba y sonrieras. Y que le cogieras la polla y te la metieras tú misma en el coño, mientras lo animabas a que te follara. Me sorprendió mucho, ya te digo. Y que mientras te follaba por detrás tú le dijeras que  no se preocupara porque no te importaba que tu marido se enterara, porque  él hacía todo lo que tú querías. Que era cierto. 

Pero me sorprendió que se lo dijeras mientras te clavaba la polla duro, muy duro, y tú gemías como jamás habías hecho conmigo. Me sorprendió que le dijeras que te diera más duro, que te azotara también el culo, que te llamara puta y que gritara que su marido era un cornudo. Y él gritó que tu marido era un cornudo, mientras se corría. Me quedé sorprendido. Y estupefacto. Al verte así de simpática. Y  al ver que yo tenía la polla dura.
Todo sea por los estudios de los niños en el extranjero, me dije mientras me iba de la oficina y te dejaba allí follando  con tu jefe. Pero me sorprendió, ya te digo, porque cuando viniste a casa y  me desnudaste apasionada, me echaste en el suelo y me plantaste tu coño en la cara, yo la lamí ávido aunque notara que olía a tu excitación, a la excitación que te había provocado otro macho, tu jefe, y a la leche que él te había dejado en el coño al correrse. Pero tú me lo restregaste por la cara y yo lo lamí y lo dejé bien limpito. Sorprendente. Sorprendente que mientras lo hacía,  tú te dieras cuenta de tenía la polla dura. Muy dura. Y que me lo dijeras, que me comentaras muy perversa y ladina que me excitaba saber que era un cornudo y que lo iba a ser cada día. Por nuestros hijos, ya sabes.
Desde entonces ya no me sorprendo por nada de lo que haces porque ya te he pillado follando con él en nuestro sofá de la sala de estar. Y en la cama de matrimonio. Y sobre la mesa de nuestra cocina.    Lo que sí me ha sorprendido, y mucho, es que cuando me has pedido que le chupe a él la polla para darle las gracias por hacerme cornudo, lo haya hecho de inmediato sin poner ningún reparo. Se conoce que yo también sé ser simpático. Todo sea por los estudios de los niños.

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