domingo, 18 de noviembre de 2012

El antes y después de un cornudo

Antes:

Cuando te echas sobre el sofa y permaneces con esa carita de relajación y de espera. De espera ansiosa. Lo esperas a él. Lo sé, Me lo has dicho. Va a venir a follarte y te ha dicho tal y como quiere encontrarte.

Y tú, obediente, te has desnudado y te has echado sobre el sofá para esperarlo, aunque antes me has puesto a mi el cinturón de castidad y me has feminizado para humillarme ante él y que así se excite más y te folle mejor. Y me has puesto un lacito encima. "Eres el regalo que yo le hago a él, ¿lo comprendes? Sí, lo comprendo, te he dicho dándote las gracias.  Pero mientras él llega, esperas. Lo esperas.

Excitada. Lo sé porque lo huelo a distancia,  tu coño expele las feromonas de hembra en celo y yo las huelo. Llevamos ya muchos años casados y conozco todos los olores de tu coño. Y el que huelo ahora es el de hembra en celo, de mujer excitada que desea polla. Pero no  la mía, sino la de tu macho, la de un macho de verdad, según me has dicho al echarte en el sofá para esperar a que venga y te folle.

 

Después:


¿Después?... Lo de siempre. Entrará sin llamar pues me hiciste que le diera una llave y te cogerá en brazos para llevarte a la cama. Tú lo besarás apasionadamente y te lo follaras con el ardor y fervor que sueles emplear cuando tienes un amante que te gusta, de esos que te mojan el coño nada más verlos. Y mucho. Porque  este te gusta mucho. "Es que folla muy bien,  cornudo, sabe tratar a una hembra como yo  y me vuelve loca en la cama", me sueles decir. Hay que ver lo que has cambiado.

Eras una chica modosita, cuando de novios,  que casi lo hacíamos con la luz apagada. Fui yo el que te fui convenciendo para que abrieras tu mente, para que no fueras tan mojigata. Aceptaste a regañadientes un trío. "Lo hago por ti, para complacerte", me dijiste. Pero una vez que lo probaste ya no paraste. Ahora eliges el amante que te gustas y te lo traes a casa sin consultarme nada. Absolutamente nada.

Te has vuelto tan marimandona que, incluso, me obligas a chuparle a él la polla para excitarlo y que te folle mejor.  Y si no lo hago bien, si no te la pongo dura con la suficiente rapidez, te levantas, sacas la fusta que te regale el día de nuestro aniversario y me azotas el culo delante de tu macho para que aprenda a ser más diligente, a cuidar a los hombres de verdad que te dan placer. "Tú eres una putita sumisa con un pene que da risa", me sueles decir mientras me azotas. Cornudo y apaleada. Y fuiste virgen al matrimonio. Yo te desvirgué.

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