miércoles, 28 de noviembre de 2012

Sí, acepto ser cornudo


Comprendo muy bien que estés nerviosa cuando sabes que él viene, que andes para aquí y para allá, que me obligues a ducharte, a vestirte prenda a prenda, a ponerte la lencería sexy que yo he pagado y que te has comprado. Comprendo que estés ahora con el coño mojado, excitado, jugoso pues anhelas polla, su polla. Eso me has dicho. “Necesito su polla, cornudo, porque tú no eres un macho de verdad, un hombre y yo necesito ser follada por un hombre”.

Lo sé. Y lo comprendo. E incluso te ayudo. Lo sabes. Sabes que consiento, que nunca digo nada, que asisto y contemplo como me haces cornudo, como follas con tus amantes, como me humillas ante ellos, como me azotas para excitarlos o como me obligas a lamer sus pollas para que me sienta putita y ellos muy machos.

También comprendo que me obligues a llevar bragas cuando ellos vienen a follarte y que me pongas un delantal de doncella francesa para serviros las bebidas. Lo comprendo y consiento. Nunca digo nada. Bueno sí dije algo aquel día que volví del trabajo inesperadamente y te pillé en nuestra cama follando con el hijo de la vecina. Entré en el dormitorio y te vi follando sobre él, clavada en su polla y subiendo y bajando tu culo mientras te lo follabas.  Recuerdo que te levantaste, me diste un par de hostias y volviste a la cama para seguir follando con él. No sé qué ocurrió, por qué lo hiciste, si ya sabías que iba a ocurrir o si lo provocaste, pero ocurrió lo que tenía que ocurrir. 

Me fui de casa. Aunque al día siguiente regresé a primera hora para decirte que volvía, que no me dejaras. Y tú me diste de nuevo dos hostias y me dijiste que jamás volviera a molestarte mientras follabas con otro. Que si te veía follar con otro en nuestra cama que entrara sin hacer ruido, me sentara en una butaca y mirara sin molestar. Y sin hacerme pajas, porque no querías que manchara la tapicería.
- Es un regalo de mi madre por nuestra boda –me recordaste.
- No lo haré.
- Entonces, ¿aceptas ser cornudo?
- Sí, no quiero perderte.
- No sólo cornudo, sino cornudo sumiso porque  si te quedas tú llevarás las bragas y yo los pantalones
- Lo acepto, no quiero perderte.

Y no te perdí, aunque me has convertido en el cornudo del barrio porque te has follado a todos los vecinos de nuestro edificio. Lo sé por como me miran cuando subimos en el ascensor. Y porque a muchos los he visto follarte.  Pero no te he perdido. Eres más fuerte que yo, tienes una carácter más fuerte y eres superior a mí, eso está claro. Lo que no entiendo, amor mío, es por qué cuando viene tu nuevo amante te pones a cuatro patas delante de él y le ofreces tu coño como una perra salida. No lo entiendo.  Te lo pregunté y me diste dos hostias, por impertinente.
- Me pongo a cuatro patas delante de él, cornudo cabrón,  y muevo mi culo para atraerlo a mi coño, porque es lo que una mujer hace ante un macho de verdad, algo que tú nunca sabrás que es.

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