sábado, 15 de diciembre de 2012

Los pasos para llegar a ser cornudo

1º.- Me humillabas en público obligándome a masturbarme con mi pene chiquitito delante de tus amigas, en la casa de campo de una de ellas. Junto a la piscina. Así me   hacías comprender que tú mandabas, me dominabas y que yo hacía todo lo que tú querías. Lo descubriste cuando éramos novios y un día me confesaste que la noche en la que habías salido de juerga con tus amigas (lo solías hacer todos los viernes mientras yo me quedaba en casa lavando o planchando), te habías enrollado en la discoteca con un chico y te habías ido a follar con él en el coche.
- Dijimos que íbamos ser sinceros y no he podido resistirme  a follar con él. Lo siento. Comprenderé que quieras que lo dejemos.

Y yo me quedé pensativo y te dije que no, que te quería, que no quería perderte y que no podía vivir sin ti. Y seguimos siendo novios, aunque tus amigas ya sabían que era un cornudo. Sabían que era sumiso porque hacía todas  las labores domésticas mientras tú te ibas de juerga con ellas, pero a partir de esa noche supieran que también era cornudo sumiso. Porque todas las noches solías follarte a uno y luego me lo contabas. Sabías que yo no podía dejarte. No podía vivir sin ti. Había perdido mi dignidad como hombre. Y no me importaba.


2º.- No me importaba porque me pusiste un cinturón de castidad y te llevaste la llave que solías colgar de tu cuello o de tu muñeca.
- Una cosa es que yo pueda follar con quien quiera, cuando quiera y como quiera y otra que tú lo hagas. Soy muy celosa -me explicaste.
- Sí, lo comprendo.
- Me alegro de que seas tan comprensivo, cornudo.

Y te compraste una especie de puf en el que me colocabas cuando chateabas con tus amantes y te preparabas para quedar con ellos, mientras yo olía la excitación de tu coño, el placer que otros machos te provocaban.
- Te gusta oler el placer que me provocan otros, ¿verdad cornudo?
- Sí, mi amor.
- Pues huele bien mi coño porque está mojado, excitado y deseando que una polla de verdad lo folle. Una polla de envergadura y no tú ridículo pito  impotente que sólo se pone duro cuando te humillo y me ves follando con machos de verdad.


.-  Me quedaba embobado cuando traías a tus amantes a casa y te veía follar con ellos en el sofa, mientras yo me acariciaba mi pene pequeño sintiendo mucho placer al ver cómo te follaba un macho de verdad.
- ¿Te gusta verme cornudo?
- Sí, mi amor
- Te gusta ver cómo folla un macho de verdad a una hembra como yo?
- Sí, mi vida.
- ¿Te gusta sentirte cornudo, muy cornudo?
- Sí, amor mío.
- Pues entonces ya sabes qué es lo que tienes que hacer.



4º.- Y lo hacía. Me lanzaba a lamerte el culo mientras follabas con tu amante para darte placer y que así te abrieras más y él pudiera follarte mejor.
-Lame, cornudo -me decías.
- Sí, mi amor -contestaba, mientras te lamía el culo y notaba como su polla te entraba y salía del coño; de ese coño que yo jamás he follado porque dices que no soy digno.
- Tu pito no es digno de entrar en un coño como el mío en el que sólo entran pollas de verdad. ¿Lo comprendes, cornudo?
- Sí, mi amor.
- ¿Lo ves lógico?
- Sí, mi vida.
- ¿Lo consideras justo?
- Sí, amor mío.
- Me alegro cornudo. Sigue lamiendo que voy a correrme frente a tu cara con la polla de otro. Quiero hacer feliz, muy feliz.

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