sábado, 1 de diciembre de 2012

Presumes orgullosa de hacerme cornudo


Sé que he re recoger los condones que caen de la cama cuando follas con tus amantes y me haces cornudo. Los he de contar porque tú sueles darme 10 azotes por cada vez que tu macho se ha corrido. Suelen ser varios condones, dependiendo de lo salida  que estés, de las ganas que  tengas de follar y de la calidad del macho que has elegido; casi siempre muy jóvenes, musculosos y con una buena polla.  Los recojo, los cuento y los dejó en una cesta que has preparado para tal fin en la habitación. Allí guardas tus trofeos durante un mes y sueles cogerlos para contarlos y recordarme el número.

“Este mes van”…, me sueles decir. Porque también me traes los que has usado cuando follas fuera de casa, en un hotel, en la casa de tu amante o en un viaje. Los guardas en el bolso y me los traes. Ayer regresaste de un largo viaje de una semana que has hecho con tu último amante; un tipo joven, guapo, tío bueno y que tiene barco, con el que has navegado por Ibiza.

Y te lo has pasado muy bien. Lo digo, porque no paras de exhibir tus trofeos, los condones usados  que te has colgado de un cinturón con el  bailas  delante de mi. Antes de azotarme, por supuesto, porque sé que tras el baile tendré que ir por la fusta, ponerme cara a la pared, abrir las piernas y recibir 10 azotes por cada condón que hayas traído.
-    No quiero gozar yo sola, amor. Quiero que tú también disfrutes –me dices mientras me aplicas los azotes metódicamente a razón de 10 por cada vez que tu macho se ha corrido.

-    Lo sé, amor mio.
-    Entonces qué se dice.
-    Gracias.
-    Por qué
-    Gracias por azotarme, por hacerme gozar.
-    Y por qué más me has de dar las gracias.
-    Por hacerme cornudo
-    Repítelo para que no haya dudas.
-    Gracias por hacerme cornudo.

Y has seguido azotándome metódicamente y sin que se te olvide ni uno solo, mientras me llamas, cabrón, cornudo y puta perra sumisa.
-    Es lo que eres, es lo que es un marido que permite que su mujer le ponga los cuernos y además se deja azotar por ella. ¿No es verdad que es así, amor mío?
-    Sí, mi vida –te he dicho al recibir el último.
-    Pues ahora llama a Abel que quiero follármelo
-    Sí, mi amor
-    Pero suplícale que venga.

Y lo he hecho, claro. Le he suplicado que venga a follarte, que venga a hacerme cornudo y cuando ha venido, os he hecho la cama mientras veía de reojo como empezábais a follar en el sofá. Sé que la noche va a ser larga y que me vas a humillar como nunca porque te he notado el coño mojado, muy mojado. Estás en celo.Por eso, cuando he terminado con las sábanas me he acercado a donde estáis y te he besado los pies.
- Gracias por hacerme cornudo -te he dicho emocionado y con la polla dura.

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