lunes, 21 de enero de 2013

Me castigas a no verte follar con otro

Estoy en el suelo. Me has castigado por pedirte reiteradamente que me hagas cornudo. Desde aquí no podré ver como follas con tu amante, como te lo comes enterito, como siempre haces. Sólo podré oír tus gemidos y suspiros; tus gritos de placer al correrte una y otra vez porque con este amante te has vuelto multiorgásmica. Te vuelve loca. Te tiene poseída y sólo oír su nombre se te moja el coño.

Lo sé porque antes de que me hayas dejado aquí, en el suelo,  he tenido que lamerte el coño para excitarte para él, para que cuando venga te encuentre jugosa y muy excitada y cachonda. Pero no podré verte follar con él. Mi mayor castigo. Sólo oírte. Oír cuando te corres y me llamas cornudo. Sólo eso. Que no es poco.

Porque con este amante sueles pasar la noche y probablemente tendré que dormir aquí, en el suelo, aunque con el consuelo de tener a la vista y muy cerca tus zapatos y tus bragas. Pero arriba, en la cama, tú dormirás abrazada a él, con tus muslos entrecruzados a los suyos y tu mejilla junto a su mejilla. Es probable que me despierten de nuevo tus gemidos si te desvelas de madrugada y quieres follártelo. Pero no lo sé.

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