jueves, 28 de febrero de 2013

No todo van a ser cuernos para el cornudo


No todo van a ser cuernos y humillación, me dices. ¿No? No. Necesito más. Necesito humillarte pero también saber que me amas sin límite alguno por lo que a partir de ahora siempre que te ponga los cuernos, cuando mi amante se haya ido, tendré contigo una sesión especial para adiestrarte y humillarte.

Y has comenzado hoy mismo, cuando has despedido a tu amante con un beso en los morros (a mi solo me das ligeros besitos) y me has dicho que vaya al cuarto de los castigos donde me has echado en el suelo y has restregado tu coño sobre mi cara, sin lavar, recién follado.

- Lame, cornudo. Ahora viene mi verdadero placer.

 Lo sé, porque gozas más después de hacerme cornudo que haciéndolo. 




- Follar es fácil -me dices-, lo puede hacer cualquiera y de hecho lo hacen. Echar un polvo está muy bien, me corro de gusto al verte humillado, pero lo que más me gusta es   azotarte después. Eso es un placer que ni te puedes imaginar. Gozo contigo como una loca, cornudo. Así que prepárate que ahora empieza lo bueno.


Y me he levantado y he ido a la pared para levantar los brazos, como siempre. Y  tú has comenzado a azotar mi pollita dura, a humillarme a decirme que me encanta ser cornudo, y apaleado. Y que me azotes de después de hacerme cornudo. 
- A ti te encanta, mira tu pollita dura, pero a mi me vuelve loca.
- Lo sé, mi Ama
- Pero sabes lo que más me gusta, lo que más me excita, lo que me vuelve loca de placer, así que dilo mientras te azoto y te humillo después de ponerte los cuernos. ¡Dilo!
- Te quiero, amor mío. 

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