sábado, 9 de marzo de 2013

No puedes evitar hacerme cornudo

Lo miras a él. Te masturbas y lo miras, lo invitas. Lo excitas. Lo veo desde el borde de la cama porque tú estás delante de él. Está vestido y quieres que se desnude, que se meta en la cama y que te folle. O follártelo tú, da igual. Quieres hacerme de nuevo cornudo. Una vez más. Y por eso lo incitas, porque quieres excitarlo, que no se pueda resistir a tus encantos, que se abrace a ti, te atrape, te penetre y te haya suya. Como siempre hace.

Como tú siempre quieres que haga. No te cansas de él e incluso cuando no estás te masturbas pronunciando su nombre, llamándolo, suspirando porque venga a follarte. Te tiene loca, lo sabes. Yo lo sé. Los dos lo sabemos. No puedes evitarlo. No puedes evitar follarte a un buen macho con una buena polla: a esos tíos buenos y atractivos que tanto te gustan que tanto te enloquecen, cariño, porque eres así.

Me lo dijiste cuando éramos novios y acepté. Te amaba. Y te amo. No me importó. Desde entonces te has follado a tos los chicos que te gustan, que te excitan, porque eres tan apasionada que mojas la braga cuando vea a alguno que te enloquece. Me lo dices, sin decir. Me coges la mano, la metes bajo tu falda y ya sé que has visto a uno que te quieres follar.

Tienes el coño encharcado y la braga mojada. Y entonces te levantas y vas a por él. Y te los follas. Siempre te los follas. No se te ha escapado ni uno. Pero con este tienes un enganche especial. Este sí que te vuelve loca. Sé por esa mirada que pones de perra en celo para atraerlo a ti, que te folle y que me hagas cornudo. Aunque sea el marido de tu hermana. Mi cuñado. No te importa. No hay tio bueno y atractivo que se te resista.

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