lunes, 29 de abril de 2013

El sabor de mis cuernos

MARTES.- He entrado en nuestro cuarto y te he sorprendido con él. Me has mirado con cara de sorpresa y enfado. Sé que cuando estás con él, o con algún otro amante, no puedo entrar así, sin llamar. No puedo molestar la concentración que tienes para darle placer a tu macho. Lo siento. Perdóname, te he suplicado juntando las palmas de las manos.




Pero tú te has levantado, me has dado cuatro hostias que han resonado por toda la casa, me has cogido de la polla y me has sacado fuera de la habitación. Y me has bajado los pantalones y me has azotado el culo una y otra vez. Y otra. Y otra, hasta que lo has visto rojo.
- No me molestes mientras te hago cornudo -me has recordado.
- Lo siento- te he dicho. Perdóname -te he suplicado.






Y tú, que eres tan buena conmigo, me has perdonado y me has dejado entrar a tu cuarto donde te he visto follar con él, como suspiras, como jadeas, como gozas con su polla. Te gusta este macho. Se te nota en la forma de suspirar, de gemir, de decir su nombre. "Soy tuya, haz conmigo lo que quieras", le dices a él que sigue follándote con ímpetu.

Pero de pronto has parado. No te has llegado a correr. No sé que pretendes, pero lo he imaginado cuando te  has acercado a mi,  que estaba de rodillas junto a la cama y me has ofrecido tu coño.
- Aquí tienes tu premio, cornudo. Lame y límpiame. Lame la excitación que me ha provocado otro macho, otro hombre. Un hombre de verdad. Lame el sabor del placer que provoca un verdadero macho, un verdadero hombre. Saborea la excitación que me provoca el follar con otros, el hacerte cornudo, el poder que tengo sobre ti que me permite follar con quien quiera, menos contigo.
- Sí, mi amor -te he dicho mientras enterraba mi cara en tu coño y paladeaba el sabor de la excitación que te provoca otro macho. El sabor de mis cuernos.

1 comentarios :

  1. Una pena que la de la foto no sea mi mujer

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