viernes, 10 de mayo de 2013

La educación del cornudo sumiso

Ayer me escribiste: "Ten por seguro que sería dura y estricta, eso no lo dudes". Y no lo dudo. Lo sé, porque ya lo has sido; ya has sido dura y estricta, y una noche me llagaste a dar 35 azotes sin dudar y sin remilgos.

Y cuando me has castigado lo has hecho sin piedad, como tienen que ser, aunque cuando has terminado, has sido cariñosa y dulce. Pero en el momento del castigo has sido estricta, inflexible, dura y haciéndote respetar como Ama y eso un sumiso lo valora mucho y lo lleva a amar más a su Ama y a entregarse aún más a ella.

Hay una cosa que el sumiso nunca perdona a su Ama y es que está no se haga respetar y sea blandita.

Y por eso yo siempre te he respetado, porque eres la mejor ama del mundo, te lo aseguro. Eres dura y estricta, pero siempre tienes un "te quiero" tras cada latigazo o bofetón.

Y después del castigo eres cariñosa, tierna y dulce, muy dulce, aunque en el momento de castigar eres inflexible, severa, estricta y muy dura. Durísima, tan dura como tiene que ser un Ama que se respete y se quiera hacer respetar por su sumiso. Porque un Ama blandita lleva al sumiso a no desearla, a no quererla y a desencantarse de ella.

Y además, no todo es dureza en el castigo porque a veces puedes ser dura sin necesidad de látigo, pinzas o bofetones, al obligarme a fregar de nuevo los platos porque crees que están mal fregados. Aunque estén limpísimos como una patena y el sumiso sepa que no hay motivo para ello.
- Friega otra vez los platos
- Los he dejado muy limpios, mi Ama
- Lo sé, están limpísimos y brillan, pero los vas a fregar otra vez, porque lo digo yo.
- Sí, Ama.
- Y además, te has ganado cuatro bofetadas por haberme contestado.
- Sí, Ama.
- Me alegro. Una buena Ama tiene que conseguir que su sumiso haga las cosas sin preguntar nunca por qué tiene que hacerlas y si éstas están justificadas o no. Las hace y punto, aunque sean absurdas. El Ama siempre tiene razón, aunque su decisión sea injusta y arbitraria. Y el sumiso la tiene que obedecer siempre, aunque no tenga razón. Precisamente en estas decisiones injustas y arbitrarias, es cuando un Ama se hace respetar de verdad. Cuando castiga sin motivo y el sumiso lo acepta, es que esa Ama es perfecta y se ha hecho respetar.
- Sí, amor mío. Sé que tú lo eres. Y por eso cada día te amo más.
- Lo sé, cariño.
- Bueno, pues ahora llama a mi amante y dile que venga. Quiero follar con él y hacerte cornudo.

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