miércoles, 15 de mayo de 2013

Te excita sufrir por mi, cornudo


La primera ve que vino a pedir algo, azúcar, creo recordar, lo recibiste con educación y cortesía. Era el nuevo vecino, el del piso de al lado. Un chico joven, fornido y guapo que se acababa de instalar. La segunda vez que vino lo recibiste con la bata casi abierta, lo miraste embobada y le diste un beso en la mejilla. La tercera vez que llamó a la puerta lo recibiste con un beso en los morros y le metiste mano en la entrepierna, en la polla, manoseándola. No te importó que yo estuviera delante. Lo habíamos hablado la primera vez que vino, cuando te censuré que fueras tan amable con él.
- No estamos casados, no somos novios. –me recordaste.  Tenemos una relación abierta como compañeros de trabajo y compartimos piso. Creo que ya dejamos claro lo que es una relación abierta.
- Sí, que los dos podemos follar libremente sin pedir permiso a nadie.
- Exacto.
- Pero es que yo no quiero a otra mujer –te confesé. Te quiero sólo a ti.
- Pues esto es lo que hay. O lo tomas o lo dejas.


Eso fue después de la primera vez que vino. La segunda vez que vino no te dije nada. Para qué. Me puse serio, eso sí, pero tú me recordaste que si tenía alguna pega que cogiera la puerta y me marchara.
- Es que yo no quiero a otra, sólo te quiero a ti.
- Yo no soy mujer de un solo hombre. Ya te lo advertí. Soy una mujer fácil, me gusta follar con varios tíos y no puedo evitar que se me moje el coño cuando veo a un tío bueno. Es superior a mis fuerzas. Me gusta y me lo follo.
- Lo sé, lo sé, pero es que…
- Es que lo tomas o lo dejas.
- Lo tomo, lo tomo.
- No quiero hacerte sufrir.

Y lo tome, por lo que cuando el vecino vino por tercera vez y comenzaste a meterle mano en la entrepierna no dije nada. No tenía nada que decir. Sobre todo porque lo cogiste de la mano y te lo llevaste a nuestro cuarto. Sabía lo que ibas a hacer y no dije nada. Pero de pronto saliste de nuestra habitación, me diste un beso en la mejilla y llevaste la mano a mi polla.
- Está dura. Lo sabía. Lo que te molesta no es que folle con otros, sino que no puedas verlo. Eres un masoca cornudo que te va el rollo cuckold.
- ¿Cómo lo sabes?
-  Porque te he visto espiándome cuando he traído a alguien a casa para follar con él. No te avergüences. Ser cornudo sumiso es un honor y con una mujer pasional como yo tienes un chollo. Me gusta hacerte sufrir, gozo con ello y conmigo lo vas a hacer continuamente.


Y me cogiste de la mano y me llevaste a la habitación donde me empujaste sobre un sillón y me obligaste a mirar.
- Pero no te corras. Quiero hacerte sufrir.

Y no lo hice.  Pude ver como te lo follabas, cómo él te follaba a ti, como lo cabalgabas, como me mirabas, cómo me hacías el gesto de la mano con los cuernos y, finalmente, como me cogiste y llevaste mi cabeza a tu coño para que te lo limpiara. Aquello fue mi claudicación porque al día siguiente volvimos a hablar del asunto.
- Soy cruel.
- Lo sé.
- Y a ti te excita que lo sea. Cuanto más cruel soy más me amas.
- Es cierto. 
- Soy una mala mujer. Me encanta seducir a los tíos, hacerles sufrir, que estén locos por mí y si es posible llevarlos al suicidio. ¿Crees que podrás soportarlo?
-  No lo sé.
-   Entonces es mejor que lo dejemos. Ya se me han suicidado tres.

No lo dejamos y no me he suicidado. Todavía. Pero llevo puesto un cinturón de castidad, no he vuelto a follar contigo, me haces chuparle la polla a tus amantes y me humillas ante ellos haciéndome que les dé las gracias por hacerme cornudo.
-  ¿Sufres bastante cornudo? –me preguntaste ayer mismo, mientras cogías mi polla dura, muy dura.
-  Sí, mucho.
-  Lo sé, lo veo por tu dura polla, pero yo no. Todavía me  falta algo más. Necesito hacerte sufrir más y ver como disfrutas con ello.
- ¿Y qué quieres?
-  He hablado con mi amante y hemos decidido que me case contigo.


Y dije que sí. La boda será dentro de una semana, has invitado a todas tus amigas y amigos (que están todos al tanto de lo nuestro) y has planificado nuestra noche de bodas.
- Estarás toda la noche atado a la butaca frente a la cama viendo como me folla mi macho. ¿Te parece justo?
- Sí, amor mío.
- Y a partir de esa noche sólo habrá un macho en casa que será él. Tú serás nuestra criada feminizada, en castidad y usada para nuestro exclusivo placer. Serás nuestra puta. ¿Aceptas?
- Sí. mi amor.
- Pues entonces suplícamelo de rodillas.

Y lo hice. Ahora me acabo de depilar, me he puesto las braguitas sobre el cinturón de castidad, me he pintado los pezones de carmín rojo (como una puta), me he puesto rimel y voy a prepararos la cena. Y luego os haré la cama y me quedaré de rodillas al borde de la cama mientras folláis por si me necesitáis, por si necesitas que le chupe a él la polla.
 

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