lunes, 24 de octubre de 2016

Me amas aunque me hagas cornudo

Te he visto ante el espejo arreglándote y poniéndote guapa. Sé que no es para mí, sino para él, para tu amante, para el macho que te hace gozar y te hace feliz. No soy yo. Nunca lo he sido. Te casaste conmigo porque me dijiste que ya estabas harta de los tíos duros, de lo que no te llamaban ni te dejaban un teléfono después de follar. Y querías un hombre sensible que te amara. Y ese era yo, según dijiste.

Aunque no has podido evitar seguir deseando a los machos duros, a los canallas, porque cuando follabas conmigo te notaba distraída, como que no gozabas. Sabía que lo hacías conmigo por cumplir, pero que a quien deseabas era a los otros, a los duros, a los canallas, a los machos que te cogían te follaban y se iban. Te van esa clase de tíos, como a mí me van las mujeres como tú, las de fuerte carácter que me gobiernan.

Los dos lo sabemos y por eso somos felices. Lo somos ahora, desde que me dejaste las cosas claras. Fue aquel día que viniste tarde, casi al amanecer, tras salir con tus amigas.Salías todos los fines de semana con ellas y volvías tarde, pero aquel día regresaste al amanecer. No te dije nada. No quería enfadarte, pero intuía que había algo más.

Al día siguiente, mientras te arreglabas para salir me lo dejaste claro.
- No voy a salir con mis amigas. Anoche conocí a un tío y he quedado con él. No me esperes levantado. Volveré tarde y
probablemente me quede a desayunar con él.

Y me callé. Como siempre hago. Te amo tanto que soy feliz viéndote a ti feliz y gozo cuando tú gozas. Supongo que será masoquismo, eso he leído, pero para mi es la entrega a ti por un amor total y absoluto. Te amo tanto que me muero por consentirte. 

Al día siguiente regresaste al mediodía. Llevabas la falda mal colocada, la cara roja, la camisa manchada y el maquillaje corrido. Se notaba que habías gozado. Yo te ayudé a desnudarte, te quité las bragas, las olí y noté que había un olor extraño, a macho, a semen y a tus jugos.
- Ya lo sabes -me dijiste. Lo acabas de oler en mis bragas.
- Sí, lo sé.
- Lo siento, cariño, pero no puedo evitarlo. Para follar necesito otra clase de hombre y tú no lo eres. Y nunca lo serás.
- Lo sé, amor mío.
- Te quiero mucho, pero para follar necesito otra cosa.
- Lo sé, mi vida. Lo sé -te dije llorando..
- No llores. Si quieres podemos divorciarnos. No quiero hacerte daño, porque voy a seguir así pues no puedo evitarlo.
- No lloro de dolor, sino de felicidad -te contesté sin pensarlo mucho.
- Entonces...¿no te importa que te haga cornudo?
- No amor mío. Sólo quiero que seas feliz y que goces.

Y tú me diste dos besos en la frente. Desde entonces no me has besado en los labios. Sólo lo haces en la frente y después de haber follado con otro.

Ahora no necesitas fingir que sales con tus amigas. Ahora te traes a los amantes a casa y follas con ellos en nuestra cama. Como el último que te has echado que está casado. Sé que lo está  porque cuando os abrazáis para follar veo su anillo de casado. Sé que él se folla a su mujer y a la mía. Y yo miro complacido.
- Compréndolo, cariño;  hay machos que necesitan más mujeres. La suya y la de otros.
- Lo comprendo amor mío.

Te comprendo mucho y por eso cuando quieres que él goce, que se sienta como el único macho de la casa, como el único hombre, yo no me opongo. Y por eso no me molesta que tú pongas su polla encima de mi pito y que lo masturbes y se corra sobre mi llenado mi pito de su semen. Dices que así quizás se me pegue algo de su hombría. Pero lo dices de broma. Lo sé. Lo sé porque pese a que soy un cornudo sumiso, tú me amas mucho. Más que nunca.

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