sábado, 18 de junio de 2016

Doblegado tuve que llevar a mi esposa a un encuentro con su amante (13)

 Diario de una pareja Cuckold (Corneador, Hotwife & Cornudo) ♠ 
 Ya ustedes conocieron la historia de Cristian, un hombre al que conoció mientras yo estaba de viaje y que nunca permitió que yo estuviera presente. Esa decisión de Él, frenó un poco a Andrea para seguirlo viendo, porque creo que sueña con la idea de tener un amante estable en nuestra propia casa.

Nota del autor 15-10-2015: Cristian es un seudónimo, en realidad su nombre es Andrés, es utilizado para que no se confunda con su actual corneador estable también llamado Andrés.

Sin embargo como ustedes lo supieron, Cristian le había proporcionado a mi esposa el mejor sexo que había tenido en los últimos meses. Eso desató una pequeña crisis en nuestra pareja como se los relaté antes.

Buscando los mecanismos para superar la crisis y pensando siempre en ser un mejor cornudo, analicé la situación y decidí dejar el camino libre para que Andrea decidiera si quería seguir viendo a



 Cristian, a solas por supuesto. No tenía sentido competir con ese hombre y negarle la posibilidad a mi esposa de vivir lo que tanto había disfrutado.





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Cuando hacemos el amor, siento que su cuerpo necesita mucho más. Se ha vuelto habitual que no llegue a un orgasmo conmigo. A veces siento que quiere repetir de inmediato, pero ya mi cuerpo a los 37 años no da para tanto. Siendo honesto conmigo mismo, no puedo darle el sexo que Cristian le da, la primera vez casi 5 horas. Así que sólo pensé en ella. Tenía que ceder y hacerme a un lado para que la mujer que amo tuviera lo que merece. Lo pensé mucho porque tal vez me podría hacer daño. Pero son cosas que a estar alturas, y con mi experiencia en el cuckold se deben aprender a manejar.

Así lo hice, se lo propuse, recibí una sonrisa y un "sí" de felicidad a cambio. No lo dudó ni un sólo segundo

Un día de septiembre Cristian apareció con la propuesta de verse con mi esposa, por fortuna la idea de dejarla volar ya estaba madurada y hablada, eso le ayudó a Andrea a tomar una decisión. Estaba en horas de trabajo y Cristian quería verla en su apartamento de inmediato.

Una de las tantas cosas que admiro de Andrea es la responsabilidad con su trabajo y su compromiso con el estudio. Cuando apenas nos estábamos conociendo, yo le pedía que faltara a su trabajo para quedarnos juntos y siempre recibí como respuesta que estaba por encima su responsabilidad. Sólo con el paso del tiempo y cuando la sentí enamorada de mí, logre que en algunas ocasiones evadiera sus compromisos para estar a mi lado.





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Por eso ese día me asombró tanto que por segunda vez decidiera escaparse de su trabajo para irse a los brazos de su amante, como siempre yo la apoyé, fui consecuente con la decisión que había tomado y me porté como debe portarse todo buen cornudo. Aprovechando que trabajamos cerca, decidí cambiar mi tiempo para el almuerzo, por llevarla hasta el apartamento de Cristian.
La llevé hasta el norte de Bogotá, un recorrido de casi 40 minutos en el que no hablamos del tema, la dejé en la puerta del apartamento de Cristian muy nervioso y convencido que estaba haciendo lo mejor, o por lo menos le estaba brindando la libertad a mi esposa para que fuera feliz.





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De lo que pasó allá adentro no puedo darles detalles, sólo ellos lo saben. Lo cierto es que mientras conducía de regreso a mi trabajo por un trancón gigante, mi esposa estaba en los brazos de su amante teniendo sexo descontrolado. Ese día no pude almorzar y no tanto por la falta de tiempo, sino porque la ansiedad me aniquiló hasta el apetito. La sensación de sentirme un perdedor se apoderó de mí, yo pude haberme negado porque esto no forma parte de lo que queríamos, no es la relación estable tipo cuckold que habíamos planeado. Era simplemente una infidelidad consentida, estaba siendo sometido por los deseos imparables de Andrea por estar con ese hombre y mi afán por complacerla.
Pasadas unas horas recibí unas pocas fotos de su encuentro, alcancé a recibir una llamada y escuchar unos segundos de sus gemidos, supe que Cristian no le permitió seguir con la llamada. Pero aboné el que me hubiera tenido en cuenta.





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Infortunadamente no pude ir a recogerla y nos vimos en nuestra casa entrada la noche. Allí estaba como si no hubiera pasado nada, siempre cariñosa, siempre sonriente, dispuesta a contarme a su modo algunos detalles de lo que había vivido. Cuando observo esa sonrisa y esa felicidad en su rostro, es cuando compruebo que tomé la decisión acertada y que jamás podría ser un perdedor si estoy haciendo feliz a mi esposa. Jamás podría ser un perdedor si estoy asumiendo con madurez y con una cruda dosis de realidad mi rol como cornudo. Pero sobre todo, si le estoy dando la libertad y las alas a la persona que tanto amo.

Posdata: No conozco a Cristian, pero si alguna vez lee este blog quiero que sepa que aprecio mucho que la haya hecho tan feliz. Una lástima que no hubieras permitido mi presencia.

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