viernes, 24 de junio de 2016

Volví a creer en el Cuckold, un nuevo amante ha llegado (Versión Daniel) (16)

♠ Diario de una pareja Cuckold (Corneador, Hotwife & Cornudo) ♠ 
Estoy en clase, son las 6:30 PM del 30 de Septiembre de 2015, tengo mi sistema nervioso completamente alterado. Justo en estos momentos a varias cuadras de aquí, mi amada Andrea está atendiendo la visita de Andrés, otro Andrés, para no confundirlo con su pasado amante esporádico. Andrés es un nuevo hombre que conoció por Facebook. Ya se habían dado dos intentos fallidos para verse y al fin se estaba llevando a cabo la cita en nuestro apartamento.

No puedo concentrarme en la clase, decido salir a tomar un café y no puedo evitar pensar en que tal vez Andrés se quede esta noche en nuestro apartamento y no hay nada para prepararles un desayuno. Salgo de la Universidad y busco una tienda cerca para comprar chocolate, panecitos, huevos, salchichas y jugo de naranja.


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Regreso a clase y le pregunto a Andrea por WhatsApp si todo marcha bien allá, ese era el compromiso, más por un tema de seguridad que otra cosa. Ella se tarda en responder y se prenden mis alarmas. Estaba a punto de irme pensando en que algo malo había pasado, casi a las 7:15 Andrea me escribe que  


todo está bien y que su tardanza en responder se debió a que había dejado el celular en la habitación. Me aseguró que todo estaba bien y que Andres le parecía lindo, que la estaba pasando rico.
Salí de clase a las 8:00, mientras camino hacia el parqueadero Andrea me escribe que les lleve una botella de vino, mi sistema nervioso estaba descompuesto, estaba desestabilizado por completo, tal vez presintiendo lo que se venía a nuestras vidas. En otras entradas ya les he contado los síntomas que me dan (algunas veces) cuando mi esposa está con otro hombre, pero vale la pena recordarles; las manos y la cabeza se ponen calientes, casi en estado febril, la piernas y los pies se ponen

helados. He leído que se debe a presión arterial alta. Ese día sin embargo hubo otros síntomas que no habían ocurrido antes. Cuando venía con la botella de vino en la mano, una sensación de nauseas incontrolable hizo que me arrodillara en el parqueadero y vomitara.


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Notablemente afectado conduje hasta nuestro apartamento, abrí la puerta de la forma más silenciosa posible, al ingresar lo primero que pude escuchar fue el sonido de una palmada, supongo que era una nalgada que Andrés le daba a mi esposa. Seguido se escucharon los gemidos. Me acerqué a nuestra habitación, la puerta estaba abierta y me asomé tímidamente, ahí estaban ellos, mi esposa estaba sobre Él, sólo con su medias de ligueros puestas. Él ya estaba desnudo y penetraba suavemente a mi amada Andrea. Ella me dijo: “Hola mi amor”. Decidí darles privacidad.

Fui a la otra habitación, encontré el dispositivo de castidad sobre la cama junto con un preservativo lleno de semen al cual le habían hecho un nudo. La señal era clara, debía ponerme en castidad y probar el semen del nuevo amante de mi esposa, eso también quería decir que ya habían tenido sexo antes.

Me desnudé, me puse el dispositivo de castidad y fui a la cocina a lavar la loza, todavía se escuchaban gemidos, decidí darles privacidad con la esperanza de poder verlos una vez terminara los oficios pendientes. Lavé y doblé nuestra ropa, lavé nuestro baño, cuando pasaba podía verlos abrazados, ya habían terminado de tener sexo, estaban conversando. No podía escuchar lo que hablaban pero tampoco me esforcé por oírlos. Mi esposa me ha dicho que los amantes necesitan privacidad y así lo creo.

Mi sistema nervioso no paraba de jugarme malas pasadas, sumado al vómito tuve diarrea.


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Aunque me parece muy desagradable, no opongo mucha resistencia en probar el semen del amante de mi esposa, dedicamos tiempo para leer artículos sobre este estilo de vida, se dice que una forma de adquirir un respeto natural por el amante es probar su semen. Es un tema hormonal que saca el instinto animal de nuestros antepasados los simios. En su hábitat ellos tienen definido un macho alfa y los demás son machos beta. El ritual del semen pone por encima a un hombre sobre otro y no está de más si ello ayuda en nuestra relación cuckold.

Sonó el timbre, supe que Andrés había pedido un domicilio, mi esposa salió y me corroboró que sólo habían pedido comida para los dos, es lógico y no me molesta. Me vestí, pagué el domicilio, lo destapé y entre a su habitación a servirles: Una hamburguesa para ella y un patacón para Él. Les serví más vino, recogí el desorden, recogí los condones usados, doble y colgué la ropa de Andres. Les dejé todo ordenado.


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Durante un tiempo hablaron, rieron, se acariciaron y se besaron. Ya había acabado de hacer los oficios y tenía la atención puesta en el momento en que lo hicieran de nuevo para presenciar ese espectáculo. Sin embargo Andres cerró la puerta. Sentí que el mundo se me vino encima, había desperdiciado la oportunidad de verlos, en mi condición de cornudo ver a mi esposa tener orgasmos con otro hombre y verla feliz es lo que me alimenta, todo el sacrificio se traduce en ese instante, pero ya no tenía esa oportunidad.

En realidad pensé que podía seguirla viendo, por eso no me afané a verla desde el inicio. Cometí un error y toqué la puerta, les pedí que me dejaran entrar. Tuve que haber sonado patético, desesperado, como un auténtico perdedor. Al parecer Andres le decía a mi esposa que no quería tenerme ahí cerca, pero yo seguí insistiendo, casi llorando. Ante mis lloriqueos me permitieron entrar por 2 minutos, mi esposa estaba sentada sobre Él, estaba siendo penetrada por una verga mucho más grande que la mía y sus gemidos eran impresionantes. Me arrodillé a besar sus pies y pude ver, casi sentir, cuando tenía un orgasmo. Cuando me dijeron que tenía que salirme, me desesperé tanto que le supliqué que no me sacara de la habitación, Andrea furiosa me dijo que yo estaba haciendo un espectáculo y que me salía o ellos se iban para otro lado. Ante semejante amenaza me salí, me acosté en la otra habitación tratando de calmarme y de pensar en otra cosa, casi imposible con los gemidos que seguían saliendo de nuestra habitación matrimonial.


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Luego todo paró, silencio absoluto hasta que Andrea entró a mi habitación, pensé que estaba furiosa conmigo pero no fue así. Estaba normal, comportamientos impredecibles que me desconciertan. Andres había decidido irse porque me vio muy mal y consideró que como pareja de esposos deberíamos hablar. No sé qué pudo ser peor, el sentimiento de culpa se apoderó de mí. Yo no quería que las cosas salieran así, el plan era que Andres amanecería en nuestra casa y por una conducta errática mía se había marchado. Me sentí avergonzado, sentí que les fallé a mi esposa y a su amante y no supe comportarme como un auténtico cornudo.

Andrea tiene ganado cada pedazo de mi corazón, no hay mujer a la que haya amado más en mi paso por este mundo. Esa noche en lugar de culparme y de estar furiosa conmigo, me invitó a pasar la noche a su lado, me acarició y me dijo que me amaba, que todos estamos aprendiendo, a pesar de que le enojó mucho mi espectáculo, intentó con todo éxito tranquilizarme y liberarme de culpas. Por lo menos esa noche lo logró y dormimos tranquilos.

Hoy las culpas de ese día todavía me persiguen, me libera mucho saber que su relación con Andrés sigue bien y promete ser estable, que no me tiré una relación por no saber manejar mis emociones. Durante las vacaciones que tuvimos la última semana, supe que se hablaron, hicieron planes y la noté muy ilusionada con Él.


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La lección está aprendida y no tengo sino que pedirle disculpas a la nueva pareja de amantes por interrumpir su velada. Ya Andrea sabe cómo voy a ofrecer mis disculpas, una cena para dos pagada por mí. A Andrés sólo quiero decirle que es bienvenido a mi hogar y que le entrego en sus manos a la persona que más amo, las puertas de nuestro apartamento están abiertas para que tome su lugar, tenga la plena seguridad sepa que yo asumiré mi rol.

Hoy van a ver el partido de Colombia – Uruguay en casa, espero que adelanten todo el tiempo que se perdió por las vacaciones. Tenemos planes muy serios de iniciar esta relación cuckold, de hablar, de poner las reglas y de empezar a disfrutar cada uno desde su rol.

Bienvenido Andrés a nuestro hogar. 

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