viernes, 8 de julio de 2016

Una cena romántica con mi amante (18)


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Tener una relación cuckold requiere un alto grado de entendimiento de todas las partes, no es fácil para cualquiera comprender este estilo de vida. Los tabúes, los prejuicios y la moral, son barreras que están siempre presentes. Por eso me tomo el tiempo suficiente para conocer bien a las personas, para evaluar la seriedad de sus propuestas, la congruencia de sus ideas y la disposición de cumplir lo planeado.
Esta es mi tercera cita con Andrés, todo un record no sólo por el número de veces, sino porque estoy sintiendo unos nervios inexplicables mezclados con una ansiedad incontrolable por verlo, eso hasta ahora indica que por lo menos de mi lado, todo marcha muy bien.

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Son las 7:10 PM del 22 de Octubre de 2015, mi esposo conduce en medio de un trancón por la carrera séptima al norte, rumbo a un restaurante italiano en el que un día antes, muy atento nos hizo una reservación para dos. Siento un frío en el estómago y unos nervios que casi pueden conmigo. Vamos retrasados. Andrés ya está esperándome en la barra del restaurante, ya nos cruzamos algunas palabras por WhatsApp. En el carro sólo se escucha la
música de una emisora, hay un silencio entre mi esposo y yo que hace que se incrementen mis nervios, trato de pedirle una explicación a mi esposo, pero al tocar su cara noto que está hirviendo, sus típicas reacciones ante una escena como esta. Al parecer está más nervioso que yo.

Mi esposo me deja frente del lugar indicado, con 15 minutos de retraso entro al segundo piso del restaurante en cual me esperaba Andrés, como siempre impecable y bien vestido. Mi corazón palpita más rápido cuando lo veo, nos damos un beso como si nos conociéramos de toda la vida y nos disponemos a disfrutar de nuestra compañía. El sitio que mi esposo eligió para la cita con mi amante no pudo ser mejor, hay un toque romántico en el lugar que acompaña a la perfección la botella de vino blanco que pedimos. La noche transcurrió en medio de una amena charla y apasionados besos. Andrés tiene la capacidad de hacerme sentir especial; es atento, buen conversador, agradable, con buen sentido del humor, es todo un caballero, sobre todo es sincero, siempre un hombre podrá conquistarme siendo interesante y no aparentando serlo. Estos momentos que vivo con Andrés, me transportan en el tiempo, a esa época en la que conocí a mi esposo, por eso las mariposas en el estómago son inevitables.




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Casi a las 10 de la noche le pongo un mensaje a mi esposo para que pase a recogernos, mientras tanto utilizo una de sus tarjetas para pagar la cuenta. En total fueron $142.476, una nimiedad que no se puede comparar con el tamaño de mi felicidad, también me satisface ver a Andrés feliz.

Tomados de la mano nos subimos al carro en la parte de atrás, me puse feliz de ver a mi esposo, una desconocida sensación de tranquilidad y felicidad por tener en el mismo carro a dos personas importantes en mi vida. Mi esposo empezó a conducir callado, Andrés le dio las gracias por la cena, yo le di un dulce que nos dieron al pagar la cuenta, con una actitud un poco burlona.

Días antes había hablado con Andrés vía WhatsApp sobre la necesidad de actuar con naturalidad en presencia de mi esposo, como la pareja que somos. No tenemos nada que ocultar, por eso debe ser natural que mi esposo nos vea desnudos, que nos vea besarnos, que nos vea tener sexo. La escena en la silla trasera de nuestro carro no pudo ser más natural, besos apasionados y la continuación de nuestra charla. Andrés me cumplió, a pesar de que pudo estar nervioso o incómodo, lo disimuló muy bien y se concentró sólo en mí, como el hombre complaciente que es. Creo que nos concentramos tanto en los dos, que olvidamos que el conductor era mi esposo, como si en esa silla delantera no hubiera nadie, para mí en ese carro y en ese momento la prioridad era Andrés.

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Mientras mi esposo conducía cuidadoso hacia nuestro apartamento esta vez por la avenida circunvalar, nuestras manos traviesas ya estaban puestas en nuestros genitales. Saqué la verga de Andrés y se la chupe durante buen parte del trayecto. Andrés también me tocó mi vagina que estaba increíblemente mojada por lo erótico de la situación.

Llegamos a nuestro apartamento. En ocasiones anteriores cuando fantaseaba con esta situación, me preocupaba un poco lo que pudiera pensar el guardia de seguridad del edificio, al verme entrar en la silla de atrás con otro hombre mientras mi esposo conduce. Pero Andrés hace que me atreva a lo impensado, me desconecta de la realidad, lo logra cuando es consecuente con lo que dice y lo que hace, cuando es sincero y pone de su parte para que esta relación funcione, tanto así que hasta el último momento no tenía intenciones de pasarme a la silla de adelante. Que se enteren, pensé. Al fin y al cabo esa es la realidad y detesto esconderme. Pero algo de pudor todavía queda en mí, así que cuestionándome por el tamaño de esa farsa, abandoné a Andrés y me pasé a la silla de adelante.

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Mi esposo seguía callado, me entregó las llaves del apartamento y las llaves de su dispositivo de castidad, mientras mi esposo estacionaba el carro subimos dándonos besos apasionados, entramos al apartamento, era tanta la excitación que comenzamos a comernos a besos en una barra que divide la cocina de la sala, yo abrazaba fuerte con mis pernas las nalgas de Andrés. Mi esposo entró y se perdió de mi vista. Andrés me tomó en sus largos brazos y me llevó cargada hasta nuestra habitación, nos tumbamos en la cama y nos acariciamos como dementes. Cuando hubo tiempo de respirar, oh! Sorpresa; una vela roja, una botella de vino, dos copas y preservativos, los detalles de mi esposo no paraban. Demostraciones de afecto por este estilo de vida de un buen cornudo.

Saqué la enorme verga de Andrés y comencé a chuparla; esa verga me encanta, su sabor, su textura, su suavidad, por supuesto su tamaño. Me senté sobre ella y comencé a moverme, me sentía plena, feliz. Contrario a las ocasiones anteriores el sexo no fue tan carnal, lo sentí más pasional, más pausado, más concentrados en los dos, nos miramos a los ojos, nos comunicamos más, nos besamos mucho.  Tampoco cerramos las puertas porque todos debemos acostumbrarnos a esta fantástica realidad ¿Si mi esposo nos estaba viendo? No lo sabía, ni me importaba en ese momento, mis pensamientos estaban exclusivos para Andrés. Cabalgué su verga durante varios minutos. Luego charlamos sobre su vida, me gusta escucharlo.

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Salí de la habitación a buscar el bolso de Andrés, al pasar por la sala vi a mi esposo sentado en el sofá leyendo la revista Semana, estaba desnudo, muy tranquilo, sólo con su dispositivo de castidad puesto, me encanta verlo así, estaba cumpliendo mi deseo que todos teníamos que acostumbrarnos a vernos desnudos, sin tabúes. Le acaricié su rostro, trató de darme un beso pero le quité mi boca. Me percaté de que el apartamento estaba impecable y le di las gracias. Su esfuerzo, arreglando el apartamento mientras yo estoy en una cena romántica con mi amante, para que podamos llevar a la realidad este estilo de vida, está dando sus frutos. Todos estamos en plena sintonía y no puedo dejar de sentirme feliz.

Regresé a la habitación y me concentré de nuevo en Andrés, más sexo oral a su rica verga y más penetraciones, esta vez más fuertes que me arrancaron varios orgasmos. Tomamos vino, hablamos por un rato y nos quedamos dormidos.

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Nunca habíamos podido dormir juntos, la sensación de estar en sus brazos mientras dormía me llenó de seguridad. Andrés me hace sentir segura, como si nada pudiera pasarme si estoy en sus brazos.

En la madrugada tuvo que irse, una lástima porque estaba durmiendo como una auténtica princesa en sus brazos. No obstante, me deja feliz porque siempre deja un plan sobre la mesa, esta vez posiblemente salir de rumba con sus amigos y pasar el fin de semana juntos.

Nos despedimos como si desde ya nos hiciéramos falta con unos ricos besos apasionados. Andrés se va y voy en búsqueda de mi esposo, está acostado en la otra habitación, lo noto triste y le pregunto qué le pasa.

- Es difícil, me responde y lo entiendo.

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Le recuerdo que ambos sabíamos que esta transición no iba a ser fácil, que iba a costar lágrimas y esfuerzo de su parte y que será sólo cuestión de costumbre. Sonríe y me dice que tengo todo su apoyo. Le pregunto si pudo vernos y me responde diciendo: “Ustedes se ven lindos, hacen muy bonita pareja”

Le escribo a Andrés para preguntarle cómo llegó y me asombro conmigo misma al darme cuenta que incluí la palabra amor en la conversación. 

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