viernes, 7 de octubre de 2016

Lecciones de una mujer sobre los maridos cornudos

Es una cosa maravillosa encontrar en la propia y honesta mujer las delicias sensuales que generalmente se encuentran sólo con libertinas o con prostitutas.
Leopoldo Sacher Masoch

En el adulterio Femdom, todas las definiciones nos hablan de una naturaleza salvaje en donde la hembra busca el macho más potente y mejor dotado para aparearse con él. Los amantes se llaman studs (padrillos, potros sementales) o bulls (toros) mientras que el marido cornudo es el cuckold, denominación inglesa de un ave que suele criar en su nido a hijos que no son propios. Las definiciones no son para nada técnicas: nos golpean de lleno en lo animalesco, en lo primitivo y nos remontan al milenario temor del macho humano a ser engañado por la hembra que encuentra el placer sexual en un competidor.



En la alternativa opuesta al cuckolding, el adulterio del hombre es consentido por una esposa sumisa que se llama cuckquean. Su escasa relevancia pone en evidencia que la raíz de este juego reside en la ruptura de un tabú que en este último caso no existe. No hay tabú y no puede haberlo cuando las esposas han consentido a las amantes de sus maridos durante siglos.





El cuckolding se caracteriza por la actitud sumisa del marido ante los deseos de su esposa antes, durante y después del acto sexual adúltero. Cuckolding no es poliamor, swinging o pareja abierta, todas formas de sexo no monogámico en donde los integrantes de la pareja coordinan su vida sexual desde un plano de igualdad. Hay un componente de humillación en el cuckolding: debe existir un carácter sometedor por parte de la mujer casada. Esa humillación no suele ser tal en la realidad; es más bien una [[MORE]] sensación vista desde el afuera porque todos los maridos cuckolds que conocí (empezando por el mío) están orgullosos y felices de su condición. Ellos aman a sus tigresas, las acompañan en sus correrías y están siempre listos a brindarle todo lo necesario para que ella disfrute libremente de todos los amantes que desee tener.





A nivel fantasioso, el cuckolding suele emparentarse con la sissificación. Para un marido cornudo, el ser obligado a presenciar el coito del stud con su esposa mientras está vestido de mujer, refuerza la humillación y la destrucción de su imagen viril. De la misma forma, el uso de dispositivos de castidad
masculinos que extienden el celibato del marido, explotan al máximo el desprecio por su aptitud para el coito.





En mi caso, disfruto con mi marido sumiso de la sissificación pero solamente en la intimidad. En mis prioridades de esposa cuckoldress, él debe cumplir una función práctica como custodio, sirviente y chofer porque para eso lo necesito. Tampoco me interesa ponerlo en castidad pues jamás me privaría del sexo amoroso que él me brinda. El único ritual que exijo luego de un encuentro es una larga sesión de sexo oral para que él sienta con su lengua el aroma del condón que usó el stud.

Estas son mis definiciones de lo que es y no es el adulterio Femdom. No son definiciones redactadas desde un punto de vista moral, al estilo de los clásicos decálogos del BDSM (El Amo debe velar por la integridad de la sumisa y blah, blah, blah) sino que son consideraciones prácticas, basadas en años de experiencia, que entiendo que deben cumplirse para que el cuckolding conserve el sabor de lo transgresor, su conciencia de tabú milenario y su esencia sexista.





Cuckoldress y cuckold deben tener una relación estable y sólida ante la sociedad. Si incluye matrimonio formalizado e hijos en común, mejor. La cuckoldress no sólo no debe ocultarle al cuckold sus encuentros con los studs sino que debe hacerlo partícipe de cómo se viste y se maquilla lo más sexy posible para excitar a su amante.

El stud debe ser más atractivo sexualmente que el cuckold, tanto por su físico como por el tamaño de su pene. La cuckoldress debe dominar al cuckold mediante el adulterio. El adulterio Femdom es una técnica de sometimiento del hombre porque resalta el poder sexual de la mujer. El cuckold debe ser sumiso y sostener la actitud inherente a ese rol. No es un wifewatcher o un swinger.





No es recomendable que la cuckoldress tenga un stud fijo. Los roles pueden llegar a confundirse. La cuckoldress puede o no humillar verbal o físicamente al cuckold durante el coito con el stud. El cuckold puede o no estar sissificado por la cuckoldress como mecanismo de humillación o para reforzar el rol masculino del stud. El cuckold puede o no estar sometido a períodos de celibato y castidad como parte de los mecanismos de humillación.

Esté o no sissificado, el cuckold puede o no darle sexo oral al stud para facilitarle la erección. Pero la penetración es privilegio de la cuckoldress por más que el cuckold también desee ser cogido por el stud. El stud sólo sirve a la cuckoldress.


Renuncia a esa estúpida pequeño-burguesa idea, poco valiosa en ti, que es malo traicionar a tu esposo y tener otros amantes cuando tengas ese deseo.
Leopoldo Sacher Masoch


Texto extrañído del blog Sado sensual y femenino

2 comentarios :

  1. Enhorabuena por tu blog. Continuar con nuevos mensajes.

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  2. Excelente, el mas grande placer de nuestro matrimonio es cuando comparto a mi esposita

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Gracias por tu comentario.